+
Accede a tu cuenta

 

O accede con tus datos de Usuario El Periódico Extremadura:

Recordarme

Puedes recuperar tu contraseña o registrarte

 
 
 
   
 
 

Extremadura desde el Foro

Hilos invisibles

Resulta del todo inexplicable el apoyo de la izquierda a las causas nacionalistas

 

Hilos invisibles -

Durante mucho tiempo vagabundeó por mi casa una revista importada con una impactante portada, desde la que observaba la regia figura de Malcom X. A resultas del estreno de su biografía cinematográfica, se hacía un relato del activista y de la persona. En definitiva, las luces y sombras de uno de los principales líderes del movimiento por los derechos civiles de la minoría negra en USA, cuyo final le emparentó con el profesor King o la saga Kennedy, también adalides de aquel cambio. Paseando por las hojas, una imagen elevó todos mis niveles de alerta: mientras Malcom X ejercía de poderoso orador en medio de una multitud de raza negra, en primera fila escuchaban atentos tres nazis.

Sí, nazis. Ataviados con uniformes paramilitares y bandas con la esvástica en el brazo. Si les resulta difícil creerlo o quieren pasmarse como me ocurrió, tiren de Google. Esta grotesca estampa se produjo porque los líderes del movimiento nazi norteamericano y de la nación del Islam coinciden en sus peticiones: un espacio propio para la población negra. Un hilo tan endeble que resultaba casi invisible.

A pesar de las respetuosas declaraciones que hizo el líder nazi, claro está que la consideración que tenían por sus «amigos» no cabía dentro de la definición de derechos humanos. La conjunción no fue solo asombrosa, sino que provocó rechazo dentro de los seguidores del líder negro. Lo cierto es que defensa de una causa no admite determinadas compañías sobrevenidas que distraen y perturban el sentido original de la lucha.

«La política hace extraños compañeros de cama». Hemos asumido la (acertada) sentencia como parte de nuestros esquemas. Como una explicación plausible de ciertos acuerdos, de movimientos políticos que buscan un «fin» mayor. Pero no puede ni debe ser pasaporte definitivo para transigir con determinadas acciones.

En la manifestación del pasado domingo se dio (¿provocó?) una foto buscada deseado por muchos, incluidos aquellos que no pisaron Colón. La foto finish de los líderes de los tres principales partidos convocantes lucía deseada por uno y evitada por otro. Abascal y Rivera aparecen en la foto como si midieran milimétricamente la distancia a la que estaban, evitándose sin conseguirlo. Lo que no esquivaron es estar cosidos a una misma causa. Cuando la causa es mayor se puede entender esta alianza siempre que se sepa que lo que une tiene la misma endeblez de un hilo. Parte de lo que entendí de la manifestación fue su convocatoria, porque para pedir elecciones existen foros más adecuados. Y si lo que se buscaba era una imagen (distinta para cada partido), me temo que no se obtuvo.

Pero lo que resulta del todo inexplicable es el apoyo de la izquierda a las causas nacionalistas. Hemos encontrado en los últimos años a la izquierda patria asociada al apoyo a un nacionalismo de derechas y excluyente. Una cosa es la geometría política, intentar la gobernabilidad, y otra tender puentes con partidos que realizan declaraciones supremacistas, ocultas bajo una crítica el estado. Algo que, por cierto, ni siquiera es propia de España, sino que este furor nacionalista está invadiendo toda Europa, espoleado por la asimétrica salida de la crisis financiera.

Porque no vale de justificación la defensa de las minorías, que ha sido bandera (y con éxito) de la izquierda. Aquí no hay ni oprimidos ni opresores. Sus propias convenciones les están sirviendo de trampa, atados a un discurso que según lo que apoyes queda hueco e incoherente.

Se entiende en Podemos, que busca la destrucción como forma de negación y porque su discurso vende agitación y culpabilización(un discurso que no todos compran, por eso Errejón sale de la formación). Pero ¿en el partido socialista?

Ni siquiera puede valer la coartada del diálogo, por mucho que se utilice como una de esas palabras que mágicamente desactivan cualquier argumento en contra. Como un deus ex machina verbal, como un comodín. No, no vale para todo porque precisamente la lucha de la libertad pasa por imponerse a quiénes se oponen a ella. Incluso los disfrazados de diálogo y de democracia. Especialmente a ellos. No hay hilos que sujeten.