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El histórico regalo a Miguel Sanz

 

PEDRO CALVO 08/08/2007

TLta dimisión de Fernando Puras está bien, pero es una mera anécdota en la interminable y horrenda historia del periplo postelectoral de Navarra. Lo extraño es que no hayan dimitido el secretario general, Carlos Chivite , y la Ejecutiva en pleno del PSN-PSOE, al tener que tragar con una decisión que de tal manera perjudica los intereses de la mayoría del cambio en Navarra y del propio partido en su escala regional. A través de los medios convencionales y cibernéticos, estamos asistiendo a un verdadero clamor de protesta por las decisión de Ferraz , anuncio tal vez de que se va a producir el efecto contrario al deseado. Me explico. La Ejecutiva nacional socialista veta el acuerdo de izquierda y de progreso en Navarra por miedo a que se convirtiera en un arma electoral potente en manos del PP para machacar de cara a las elecciones generales de marzo. Pues bien, la decisión tomada tiene visos de convertirse en un arma letal en manos de la abstención e incluso del desvío de votos socialistas hacia otras soluciones. Los analistas de Ferraz tal vez no han sido muy finos al ponderar las consecuencias.

Las explicaciones que ha dado Pepe Blanco , número dos socialista, no convencen a nadie, ni siquiera a él mismo. Es más, es que no ha dado verdaderas explicaciones, porque nadie pensará que son tales esas alusiones a que en dos pueblos unos concejales electos de Aralar y EA no tomaron posesión de los escaños que hubieran correspondido a ANV si ésta hubiera podido presentarse allí. Es mejor decir la verdad pura y dura: el veto es por miedo a la campaña que sin ninguna duda el PP habría desencadenado de cara a las generales. Y punto. El hombre más feliz es Miguel Sanz , al que el PSOE regala el Gobierno de Navarra pese a que ese partido se lo había vendido previamente a ETA, según el propio Sanz, que ni siquiera ha tenido la deferencia de arrodillarse ante Pepe Blanco y Fernando Puras para pedir perdón por aquellas atrocidades... Les puedo asegurar que en mis largos años de observador de la realidad política española, nunca había asistido a un espectáculo semejante.