+
Accede a tu cuenta

 

O accede con tus datos de Usuario El Periódico Extremadura:

Recordarme

Puedes recuperar tu contraseña o registrarte

 
 
 
   
 
 

Con un paso adelante

Honor y honradez

 

Manuel Vaz-Romero Manuel Vaz-Romero
14/11/2014

Fueron conceptos sagrados y baluartes del ciudadano. Y divisa de ética y estética. Un doble sello del que vanagloriarse. Se podía ser pobre de solemnidad, pero se iba con la cabeza bien alta, consciente de tan hermoso patrimonio. Hasta la tribu más ancestral se enorgullecía de su viejo chamán, modelo de moral rectilínea, que lo autorizaba para dar sabios consejos a los aldeanos. Otra cosa era que todos asumieran tan altos valores, pero, como dice Maquiavelo , el honor es virtud de todo hombre que desee tenerlo. Pero, si son frutos que están al alcance de la mano, a veces se desprecian por fútiles razones cayendo en la tentación de cambiarlos por bienes espurios. Porque la condición humana se parece a las pesas de un reloj de pared, que no deja de descender, como a ella le ocurre cayendo en malas conductas.

La Historia exaltó estos valores: "Todo se ha perdido menos el honor", dijo Francisco I al ser derrotado en Pavía; y el almirante Méndez Nuñez , vencida nuestra flota, esta frase lapidaria: "Más vale honra sin barcos que barcos sin honra" Y fueron otros muchos los ejemplos de tales virtudes. Hasta el teatro clásico escenificó paradigmas de honor y la honra perdida en la mujer era negro baldón y mancha imborrable. Mas no se trata de hacer panegíricos de sello historicista, sino de encomiar referentes, ante el feroz relativismo moral, actual, pues tales principios nunca tendrán fecha de caducidad. Otra cosa fue, en el pasado, intentar recuperar el honor mancillado, mediante una estúpida esgrima entre caballeros de levita y sombrero de copa, por un concepto equivocado de época.

El binomio inestimable del honor y la honradez siguen palpitantes, como graníticas torres. Honor que es diamante tras cumplir con el deber; honradez que es la almendra de la política al servicio del ciudadano; y ambas, palabras-puente entre el fango y la decencia. Pero el honor, como decía Shopenhauer , es como las cerillas que sólo sirven una vez. Abundan hoy los atropellos en el campo de la honestidad, por lo que es urgente gritar: "¡basta ya de tanto desvarío, ante el pasmo de todo un país!" Como hoy son muchos los que tras el 9-N cuestionan al "molt honorable", presidente Mas; mientras que otros tantos aplauden el título de esta columna que postula honor y honradez en la vida, previa aceptación de las reglas del juego.