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La curiosa impertinente

Incompatibilidades

 

La envidia es considerada como el pecado nacional, aunque otros se inclinan por la pereza. Para el pintoresco personaje que es Gabriel Rufián , el pecado español por excelencia, si pecado y excelencia son compatibles, es la pobreza, --perversidad esta que justifica su ansia furiosa de abandonarnos-- y que pese a no aparecer entre los siete capitales, debe de estarlo entre los vicios establecidos por el nacionalismo catalán, a veces indistinguible de las más profundas creencias religiosas. A ello se debe sin duda el desprecio con que se refiere a nuestra patria cuando repite con asquito que una nación con trece millones de pobres, como España, resulta incompatible con Cataluña. De modo que tras romper la incompatibilidad secular entre charnego e independentista, persiste otra absolutamente intrínseca: la de catalán y español. Y no me juzguen blasfema, que cada cual tiene la religión que quiere. Para muchos es su nación o nacioncilla. Para otros, el cine, como confesara no hace mucho un flamante Iglesias vestido de smoking, como cualquier cura a la antigua viste sotana. Para Rufián , ser español es incompatible con ser catalán. Y para Girauta , Podemos y Ciudadanos también, pues, según sus recientísimas declaraciones, si Sánchez e Iglesias llegan a un pacto, la formación de Rivera romperá el suyo con el PSOE. Sin más. No así, en cambio para el socialista, dispuesto a presidir un gobierno "de mestizaje", con ministros naranjas y morados. Y en esa línea acabo de escuchar a Errejón reconocer, o casi, ahora que no es del todo incompatible un gobierno de las tres formaciones.

Una, qué quieren que les diga, aprecia mucho el diálogo, pero opina también que no todo vale para gobernar. Abomina de las líneas rojas y de la intolerancia, pero cree en los principios generadores de ideas. Por eso sostiene con toda firmeza que, como decían hasta antes de ayer ambos, Podemos y Ciudadanos son incompatibles. Tanto como las patatas fritas con una baja ingesta de calorías. Defender lo contrario puede resultar cómodo, pero es falso y también insano.