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Textamentos

Japoneses en Japón

 

FRANCISCO Rodríguez Criado
17/04/2013

La otra noche pasé un mal rato viendo el programa que Callejeros viajeros le dedica a Tokio, la ciudad más poblada del planeta. Sentí tal agobio al adentrarme en la jauría humana desde el cómodo sofá, que ni me atreví a imaginarme pateando sus calles atestadas, en las que siempre hay alguien que te pisa --literalmente-- los talones.

Dicen que los japoneses son todos iguales, y empiezo a creer que es cierto: todos tienen mucha prisa y muy poco espacio. Es en la intimidad, supongo, donde podrán desarrollar sus peculiaridades, pero "intimidad" es un neologismo por escribir cuando hablamos de un país tan masificado. Japón es capaz de inventar fruslerías como robots humanos, el karaoke o el harakiri, pero anda lejos de inventar algo sagrado para la armonía del hombre: unos metros de espacio libre.

Resultan tremendamente desoladores esos hoteles cápsula donde puedes pasar la noche en un cubículo empotrado en la pared que mide poco más de dos metros de largo por uno de ancho y uno de altura. Estas camas, haciendo de la necesidad una virtud, fueron inventadas para hombres de negocios que viven por y para el trabajo (es decir: casi todos) y necesitan descansar antes de asaltar de nuevo la gran ciudad. ¿Y quién querría dormir en camas que son como bobinas de hilo colocadas en el mostrador de una mercería? Lo diré: miles de nipones.

Intuyo que a los esforzados japoneses, adictos al trabajo, el turismo no les interesa en absoluto y que viajan masivamente a Europa no para extasiarse con la Torre Eiffel, el Museo del Prado o el Big Ben sino por el inédito placer de encontrar espacio para estirar los brazos.

   
2 Comentarios
02

Por Herodoto 23:28 - 17.04.2013

El que escribió este "artículo" lleva boina, ¿no? Pero tranquilo, eso (la marca de la boina) se cura viajando.

01

Por M.M. 19:25 - 17.04.2013

Tuve la oportunidad de conocer Tokio el año pasado y la verdad es que programas como "Calejeros Viajeros" intentan buscar lo extraño, diferente y atípico, pero me pareció una ciudad fantástica, llena de vida, para nada agobiante y donde la mayor parte de las calles son más silenciosas que cualquiera de Cáceres en una hora punta. Aparte de que la sonrisa es la bienvenida normal dondequiera que uno va y la amabilidad y respeto al prójimo son reglas habituales día a día.