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La trastienda el artículo del director

El juego de la silla de Cáceres y Badajoz

Esta semana deben decidirse los posibles pactos de gobierno en las dos capitales de provincia y el tablero está muy abierto

 

El juego de la silla de Cáceres y Badajoz -

Lo de las alcaldías de Cáceres y Badajoz parece el juego de la silla. Ya saben, ese entretenimiento infantil según el cual los participantes corren en círculo alrededor de distintas sillas mientras suena la música y al apagarse ésta deben sentarse a toda velocidad dado que pierde el que se queda de pie. En el caso real de los ayuntamientos pacense y cacereño, la melodía lleva sonando desde el día siguiente de las elecciones municipales del 26 de mayo y todo el mundo sabe que se parará de golpe el sábado que viene, fecha en la que obligatoriamente deben constituirse todos los ayuntamientos españoles. Hay que saber en qué posición coge a cada cual: sentado o de pie.

Cuando se cerraron las urnas y se vio que ganaba el PSOE en las dos capitales de provincia casi todo el mundo daba por hecho un relevo en las alcaldías. Los socialistas habían logrado en Cáceres 9 concejales frente a 7 del PP y en Badajoz 12 frente a 9. Luis Salaya y Ricardo Cabezas sacaban pecho conocedores de las conversaciones previas que habían mantenido con Ciudadanos para que les dieran la mayoría y sabiendo, además, que su partido les iba a autorizar a ceder todo lo que hiciera falta con tal de hacerse con el bastón de mando del consistorio.

Pero hete ahí que salió Cs a nivel nacional dando portazo a Vox, abriéndose a hipotéticos acuerdos con el PSOE pero, lo más importante, designando al PP socio preferente. ¿Esto qué significa? Pues en resumen que caben los socialistas, pero solo si no hay más remedio y es imposible entenderse con el PP o Vox se pone demasiado exigente. Para rizar el rizo, los naranjas y el PP crearon un comité de pactos donde negociar a la vez las alcaldías en todo el territorio nacional.

¿Qué pintan, entonces, los candidatos locales o las formaciones a nivel autonómico? Pues se les escucha, se les atiende, pero quien decide, quien manda, es Madrid. ¿Eso quiere decir que Badajoz puede ser moneda de cambio por Cáceres o al revés, o por Albacete o por Burgos o por Córdoba, por citar algunos ejemplos? La respuesta es sí. En todas las ciudades suman PP y Ciudadanos, en algunos casos con la ayuda de Vox, es cierto, pero en muchas de ellas (y ese es el objetivo) podría dejar a un victorioso PSOE en la estacada a pesar de haber ganado las elecciones. ¿Eso quiere decir que Cs podría gobernar en Badajoz a cambio del PP en Cáceres o al contrario? Hablarse se ha hablado en la mesa, pero materializarlo o llevarlo a término tiene infinidad de aristas que podrían provocar un desenlace no deseado: un acercamiento de Cs al PSOE o incluso que no hubiera acuerdo y fuera el PSOE el que gobernara en solitario al ser la lista más votada.

La verdad es que no alcanzo a ver la escena de que el PP obligara a sus concejales en Cáceres o Badajoz a tener que votar al candidato de Cs siendo la tercera fuerza o que los propios concejales de Cs tuvieran que admitir un gobierno junto con Vox con lo que han renegado de la extrema derecha todo este tiempo. Sin embargo, hay que decir que en política, y a la desesperada, uno no se cansa de sorprenderse.

El juego de la silla tiene fijado su final en seis días o, de lo contrario, parará de golpe la música el secretario de cada ayuntamiento en el pleno de constitución. Esto se traduce en que esta semana se van a precipitar los acontecimientos y que los candidatos de una y otra ciudad van a estar de los nervios llamándose entre ellos mientras hablan por la otra línea con el contrario. Eso sí, la tutela nacional continuará. Tanto el PP como Cs se juegan la implantación territorial y en el caso de Extremadura, con un todopoderoso PSOE, resulta muy importante contar con cierto contrapoder sabiendo que ni en la Junta, ni en la Asamblea,, ni en las dos diputaciones, van a rascar bola por la mayoría absoluta de que gozan los socialistas.

Cuatro años de oposición suponen un desgaste de marca mayor para un partido. Sobre todo si se ha perdido una representación importante como es el caso del PP. No solo se deja de ingresar un buen dinero, lo que conlleva desprenderse de personal laboral de apoyo a las estructuras propias de la organización, sino que desaparece todo ese ejército del que dispone la formación para mantener su implantación territorial. Porque los políticos en nómina ya se sabe que atienden a su empleo político por las mañanas (diputados, concejales liberados, directores generales y un largo etcétera) pero por las tardes se dedican a labores propias del partido: captar militantes, confeccionar listas, aupar candidatos. En resumen, todo lo que permita generar músculo cara a los siguientes comicios.

Todas estas cuestiones influyen a lo hora de tomar decisiones de gobierno. Dejamos para otro día lo que interesa a los ciudadanos o el destino de cada voto depositado en las urnas, lo cual debería ser lo importante pero, a las pruebas me remito, nunca es así.