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Las fotos de Letizia

 

FLORIAN Recio
19/01/2013

TSti Narciso se asomara hoy al espejo del río no correría peligro de enamorarse de sí mismo. No se vería. Tan turbias bajan las aguas. Donde antes brotaban juncales sueños de esperanza ahora sólo hay descreimiento. Eso dice un estudio publicado en la prensa española, que el número de descreídos es ya tan alto como el de los católicos. No es que la gente ya no albergue sentimientos religiosos, es que no sienten interés alguno por las religiones. Siguen creyendo que debe haber algo, pero desconfían de las multinacionales de la salvación. Vaya por Dios.

Yo, con perdón, ante esta epidemia de descreídos, no sé qué creer. Una cosa es hacerse agnóstico después de haber leído en conciencia a Bertrand Russell , pongamos por caso, y otra muy distinta dejar de creer simplemente por despecho al Papa o porque la Virgen no responde a tus perdidas. El despechado tiene todas las papeletas para caer en manos de otra creencia religiosa, que no siempre es más sensata ni más sociable que la que abandonó. Cambiar una iglesia por una mezquita o por una pagoda no es precisamente un progreso intelectual.

Un descreído religioso es como un descreído político. Un alma en pena que busca revancha. Y la crisis, el desempleo, los bancos, los urdangarines, los zapajoys, son a nuestra democracia lo que un obispo bujarrón es a la Iglesia. Carne de descreimiento. Cuando días atrás aparecieron por Almendralejo reporteros en busca de fotos de la boda de Letizia , que ya son ganas, escuché a un tipo decir, ojalá esas fotos llevasen a la guillotina a la monarquía junto al resto de los políticos. La voz del descreimiento. A la religión hay que someterla con la razón. A los corruptos con las leyes. Y a la monarquía con las urnas. El resto son ganas de revolver las aguas.

   
1 Comentario
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Por ja 8:17 - 19.01.2013

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El otro día escuchaba y veía en la televisión a un señor cuyo nombre era Andrés. Daba gusto. Y a juzgar por los reconocimientos, no sólo a mí me encantaba oírle la santidad que rezumaba ¡Qué alegría de persona, hablando bien de todos nosotros, con la mala fama que tenemos!. Este hombre era un exponente de una religión que, ahora mismo, nos trata de imbuir amor y sentimiento solidario, dando ejemplo. Aun en el supuesto de que los santos nos hagan visiones, es para meditarlo, por mucho que lo diga Russel, Kant o Martin Heidegger, pues si, efecto, como diría Spinoza (éste sólo lo de “en efecto”) si el átomo es inmortal y el hombre está compuesto de átomos, por qué el hombre no lo es también. Con este tipo de disquisiciones al menos apartamos al materialismo puro, en tanto de echar mano al bolsillo y si, en efecto y si nos sobrara un euro ¿por qué no hemos de darlo al congénere humano que lo necesita? Esa es la predicación que le escuché a Andrés. Lo de menos es que sea Premio Príncipe de Asturias. Lo demás es que creía estar viendo a un santo, por eso quizá, ahora, no me hacen tantas visiones los demás santos. Si un hombre es bueno y lo demuestra con sus hechos, ídem la institución religiosa que sea ¿qué sinrazones existen para no acercarse a ese predicamento, aunque nos duela el bolsillo? Vamos a imaginar que no hay nada arriba. Pero el de abajo, Andrés, me dice que mi vecino ser humano se muere de hambre y de soledad, viendo que él, Andrés, lo hace con el suyo ¿por qué me voy a meter en disquisiciones si hay o no hay arriba, si el toro por los cuernos como ser humano que soy es echarle mano al otro que sí es palpable y que está al lado pasándolas putas, ayudándole, sin más contemplaciones. Lo demás son pamplinas.