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Nueva sociedad, nueva política

Ley: teoría y práctica

A veces las leyes están hechas para que parezca se cumplan, pero sin efectividad real

 

Ley: teoría y práctica -

Cuando en septiembre de 2017 estalló con fuerza el conflicto catalán, en una parte de la sociedad española cundió la duda de por qué había que ser tan estrictos con el cumplimiento de la ley en Cataluña, puesto que no parecía que el Estado español lo estuviera siendo en su acción cotidiana.

Es un argumento inválido, no solo por la gravedad de lo ocurrido en Cataluña, sino porque el hecho de que se produzcan incumplimientos legales en unos ámbitos no legitima que se cometan en otros. Sin embargo, se trataba de un argumento al que no se le podía negar la premisa mayor.

No se trata solo de que, con excesiva frecuencia, en España no se cumplan las leyes, sino de que además, en demasiadas ocasiones, las leyes están hechas para que produzcan apariencia de cumplimiento pero no efectividad real. Este no es un problema menor, porque cuando los responsables públicos dicen que el respeto a la ley es una de las bases del sistema democrático, llevan razón, y eso tiene como contraargumento que su ineficacia corroe el sistema desde los cimientos, más incluso que cualquier ataque insidioso que provenga del exterior del propio sistema.

Leía hace unos días que el Gobierno ha aprobado un decreto para que las empresas estén obligadas a controlar y registrar el cumplimiento horario de sus trabajadores. Pero se trata de una enorme hipocresía, porque el Gobierno sabe que en el ámbito de su directa responsabilidad, las Administraciones Públicas, existen numerosos centros de trabajo donde no hay controles horarios y, cuando existen, se producen fraudes de distinta naturaleza por los que los empleados públicos escapan del cumplimento estricto de su jornada laboral. Este hecho, además de contravenir varias leyes existentes, provoca un efecto lesivo de decenas de millones de euros cada año para las arcas públicas.

Los poderes del Estado español llevan a gala las medidas referentes a la transparencia en el funcionamiento de la Administración, y —sin ánimo de negar los avances— esos mismos poderes saben que esa transparencia es totalmente insuficiente para evitar el fraude. Fraude en forma de concursos menores a los que concurren tres ofertas previamente pactadas con el contrato ya adjudicado a una de las tres, fraude porque se diseñan contratos que tienen nombre y apellidos desde el principio, fraude porque se adjudican contratos a empresas amigas que tienen información privilegiada sobre los procesos, fraude porque se crean tribunales de contratación con personas de confianza de algunas de las empresas para asegurar que el resultado es el que tiene que ser, y un largo etcétera. Fraudes legales todos ellos, porque así queda certificado cuando son denunciados ante las autoridades administrativas competentes.

No sé si a ustedes les han respondido alguna vez desde las instancias gubernamentales con competencia en materia de consumo, pero a mí no. Existe una legislación notablemente garantista para el consumidor, todo un edificio administrativo con oficinas, institutos y organismos nacionales, autonómicos y locales, pero las grandes empresas pueden estar muy tranquilas, porque sus desmanes rara vez tienen consecuencias reales, y los clientes estamos acostumbrados a conformarnos con el desahogo de perder unos minutos en rellenar una hojas de reclamaciones.

Multitud de pautas legislativas existen para que los residentes en zonas de bares puedan descansar, pero viernes y sábados de primavera y verano si usted pasa por sus puertas puede comprobar fácilmente que hay más gente fuera que dentro, y eso aunque esté prohibido, y eso aunque haya policía patrullando, y eso aunque haya denuncias constantes de los vecinos. Eso cuando no vea usted a algún representante público con el botellín en la mano liderando el incumplimiento: yo lo he visto.

Como ustedes saben tan bien como yo, podría rellenar cincuenta páginas con ejemplos como estos. La política española se debate entre una frívola y excluyente diatriba electoral en su ámbito más visible, y se enmaraña en un denso debate de ideas en su ámbito más intelectualizado, pero lo cierto es que si se cerraran las puertas traseras habilitadas para el incumplimiento de las leyes existentes, tendríamos hecha más de la mitad del trabajo de reforma del país.

   
2 Comentarios
02

Por pagafiestas 17:56 - 12.03.2019

Pues es de agradecer que saque a relucir que el gobierno de su amado Sánchez "ha aprobado un decreto para que las empresas estén obligadas a controlar y registrar el cumplimiento horario de sus trabajadores. Pero se trata de una enorme hipocresía, porque el Gobierno sabe que en el ámbito de su directa responsabilidad, las Administraciones Públicas, existen numerosos centros de trabajo donde no hay controles horarios y, cuando existen, se producen fraudes de distinta naturaleza por los que los empleados públicos escapan del cumplimento estricto de su jornada laboral. Este hecho, además de contravenir varias leyes existentes, provoca un efecto lesivo de decenas de millones de euros cada año para las arcas públicas". O "Fraude en forma de concursos menores a los que concurren tres ofertas previamente pactadas con el contrato ya adjudicado a una de las tres, fraude porque se diseñan contratos que tienen nombre y apellidos desde el principio, fraude porque se adjudican contratos a empresas amigas que tienen información privilegiada sobre los procesos, fraude porque se crean tribunales de contratación con personas de confianza de algunas de las empresas para asegurar que el resultado es el que tiene que ser, y un largo etcétera", de todo lo cual se sabe bastante en Extremadura. Lo dicho, es de agradecer; siga por ese camino y ganará en credibilidad.

01

Por vistacorta 7:57 - 12.03.2019

Hace bastantes años. que cuando se imponía el conocido MARCAR, a la entrada y salida del trabajo, las protesta de los trabajadores se escuchaban por todas partes, y pasado el tiempo resulta curioso ver como ahora molesta a los que lo implantaron, cuando se quiere controlar sobre su control del MARCAR.