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JUEVES SOCIALES

Libertad de expresión

 

Como sucedió con Je suis Charlie, tras el atentado en la sede de la revista Charlie Hebdo, ahora se llenan las redes sociales de una nueva consigna Je suisprof, como protesta. El motivo es el espeluznante asesinato de un profesor francés que mostró dos caricaturas en una clase sobre libertad de expresión, o sea, sobre las consecuencias que puede sufrir quien no cree lo que se considera obligatorio.

Su intención no era burlarse de ninguna creencia sino mostrar hasta qué punto la radicalización en cualquier religión socava los cimientos de la igualdad, la fraternidad y la libertad, lema de todas las escuelas francesas. Por desgracia, su asesinato se ha convertido en la mejor lección. En Francia, en pleno siglo XXI, se puede morir por dibujar una caricatura, y también por enseñarla. El crimen no tiene justificación posible. Es una bofetada en la cara del estado laico y en la creencia de una educación igual para todos, respetuosa con todas las religiones por igual, pero también ajena a consignas y dogmatismos. Lo extraño es que la sociedad se sorprenda. Lo que ha pasado en Francia sucede a diario en muchos países del mundo, y nadie se indigna. Muchos profesores (y otros profesionales) se ven apartados de su trabajo por sus ideas (aquí mismo hace no tanto tiempo), o por ser mujeres, o son asesinados por negarse a propagar una fe en la que no creen, o por intentar separar religión y ciencia. Solo nos duele cuando nos salpican pero son otros los que no encuentran cobijo bajo el aguacero.

El asesinato de este profesor no puede caer en el olvido, ha de ser un aviso para que cuidemos a quienes están en primera línea contra el fanatismo, y una llamada de atención para que recordemos que somos una mínima porción del mundo, y que si nos encerramos en nuestra burbuja sin tratar de llevar la igualdad o la libertad fuera, acabaremos presos de quienes, por no conocer la libertad de pensamiento, asesinan a quienes la defienden.