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Jueves sociales

La luz de la nevera

 

La mejor manera de comprender la realidad es leer ficción, lo único que la completa, igual que no podemos imaginarnos un cuerpo solo por su espalda, o una hoja por el envés. La ficción podría ser el envés de la realidad, si la frontera que las separa no fuera mucho más tenue que el limbo o la propia lámina de la hoja. Además haz y envés van siempre unidos, como la espalda y el pecho, pero hace ya tiempo que lo real camina a pasos agigantados para separarse de lo inventado, como si este aún pudiera hacerle sombra. Uno y otro siguen siendo cara y cruz de la misma moneda, aunque hayan empezado a regirse por leyes cada vez más parecidas.

Tratar de comprender la realidad es difícil. Para ello se debe evitar mirarla con los ojos de siempre. Hay que hacer como quien abre de pronto la puerta de la nevera para ver si la luz sigue funcionando cuando no podemos contemplarla, y la cierra enseguida, sin saber a ciencia cierta si solo funciona al abrir la puerta o permanece alumbrando los secretos de los cajones de la fruta y verdura.

Hay que mirar lo real de reojo, de refilón, siempre a través de lo inventado, que nos prepara para la lluvia que no deja de caer sobre nosotros. Por eso no se deben ver los telediarios, ni abrir un periódico, ni escuchar la radio sin tomar precauciones. O como mucho quedarse en los deportes, en el tiempo, en la crónica rosa que bordea los límites de lo ficticio, sin llegar a serlo. De ningún modo se debe estar atento a lo que pasa en el mundo sin protecciones que mantengan a salvo la cordura.

Pero a veces, la vida nos pilla con la guardia baja y los ojos poco atentos, y nos golpea ese hombre que ha dejado morir a su pareja diabética sin llamar al médico, y como la realidad quiere ser literatura, añade que además la graba en vídeo, y luego nos habla de un conductor suicida que no se mata a sí mismo, sino a otro que se dirigía a su trabajo. Y una vuelta de tuerca más, para dañarnos. Alguien roba a la víctima su reloj y su cartera en lugar de ayudarle.

Y si en ese momento no nos refugiamos en la ficción y nos dejamos atrapar por la realidad creeremos posible lo imposible, como que se repitan las elecciones, haya aún quien dude del cambio climático, o que se acuda a una manifestación contra la violencia para llamar la atención con una pancarta diferente. Es cada vez más difícil lanzar esta moneda sin anverso ni reverso que parece caer solo de canto, como si la maldad y la ignominia no fueran tramas secundarias sino el argumento principal de esta novela casi real que llamamos vida.

* Profesora