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La curiosa impertinente

Madres

 

Antes de los días internacionales para todo, teníamos el de la madre. Siempre me sorprende que en Hispanoamérica se evite la palabra, pues la veo el sinónimo definitivo, sin clase social, potente y tierno como un abrazo, de mamá, mami, mamuchi, mamita o mama.

Ya desde bien chicas preparábamos el obsequio chapucero, guardado con esmero año tras año y que después en días de mudanza ha tocado tirar con el corazón tocado. Papeles, cartulinas, collages, poemas, cuadritos o muñecotes que escondían la ilusión e ingenuidad del cariño estrenado a diario. Y una muchedumbre de letras picudas de ‘Te quiero, mamá’, funden y confunden los que le dije a mi madre con los que recibí de mis hijos, y encienden dentro y profundo un calorcillo sin precio, prendido con el material de la felicidad verdadera.

El día de la madre tal como lo conmemoramos procede de los Estados Unidos aunque los romanos ya conmemoraban la fiesta Hilaria. Eso dice la wiki y yo me lo creo.

Ahora que las circunstancias de esta sociedad, ustedes juzgarán si más justa o injusta, hace a los jóvenes cada vez más difícil tener hijos, cuando cada vez se van más tarde de casa, cuando los parques se llenan cada vez de menos criaturas que corren, chillan y juegan y cada vez de más ancianos, sentados en los bancos o usando sus andadores también como si jugaran. Ahora que en las reuniones de amigas somos catorce abuelas y un nieto, cuando en mi infancia lo normal era lo contrario. Ahora que pronto una familia numerosa va a ser la de dos hijos. Ahora, con una población envejecida y tantas madres que quieren y no pueden serlo, quiero reivindicar con nostalgia y convicción el derecho de todas las madres a serlo: las malas madres, las friki, las coraje, las helicóptero, las apisonadora, las mánager, las tigre, las guardaespaldas, las bocadillo, las secretario, las mayordomo y todas las que aquí no caben. Una aventura que debe nacer con el amor, cuajada de sobresaltos y satisfacciones inalcanzables en otros ámbitos, y que, además, como la aventura más épica, heroica, lírica y hasta mística, es para toda la vida.