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La trastienda / El artículo del director

Madrid, tenemos un problema

 

Tenemos un problema. Y de los gordos. Nos jugamos todo a una carta o más bien a una decisión de un ministro en funciones que parece que ha venido a salvar la patria de los justos. Porque las palabras de Cristóbal Montoro , ese que decían que curaba todas las heridas de nuestra maltrecha economía aunque Bruselas opine lo contrario, son para echarse a temblar después de responsabilizar de todos los males que vive nuestro país a las comunidades autónomas. Bueno, a unas más que otras, porque echando un ojo a los números de Extremadura o de Cataluña, pongamos por ejemplo, era para incidir bastante más en los segundos que en lo primeros. Diremos en tono irónico que pareciera que la hubiera tomado con nosotros sin saber muy bien por qué. ¿Quizás porque es más fácil tirar de las orejas al débil a ver si se da por aludido el fuerte?

La consejera de Hacienda de Extremadura, Pilar Blanco-Morales , manifestó el viernes "su esperanza" de que el ministro de Hacienda dé marcha atrás en su decisión de retener fondos de financiación a la comunidad para abonar directamente las facturas a los proveedores. La medida supondría quedarse el Estado con el 25% de las transferencias corrientes hasta rebajar el periodo de pago a los 30 días. Una intervención en toda regla aunque se diga de muchas otras maneras. Sin embargo, más que una esperanza pareciera una exigencia, un reclamo en este caso compartido por el PP, partido que ha tildado la medida de "desproporcionada y extemporánea" y eso que milita en sus mismas filas.

Extremadura, ante la mirada de Madrid, ha sido capaz de 'salvar' un presupuesto poniéndose de acuerdo --ojo--, el PSOE y el PP. Y lo más importante, ha decidido hacer los deberes que suponen poder pagar las facturas y salvar el déficit en un tiempo adecuado. Con estas premisas, Montoro no puede venir ahora a salvar los muebles de una inundación cuando ya solitos hemos sido capaces de cerrar los grifos y empezar a achicar agua. Sería agravar el problema de una región que --se diga más bajo, se diga más alto--, está casi paralizada desde que hace cinco meses la oposición en pleno tumbó las cuentas del PSOE y nos quedamos con el motor al ralentí hasta hace apenas dos semanas. Todo el mundo sabe en esta bendita región lo que supone la Junta de Extremadura en la economía regional. Con el peso específico que representa, de forma directa o indirecta, en casi todo, es como dejar un coche sin gasolina: se podrá empujar o ponerlo cuesta abajo, pero andar lo que se dice andar por sí solo, nada.

Lo peor de todo es que ya está localizado perfectamente el problema y nadie en el Ministerio de Hacienda ni en el Gobierno parece importarle. La situación financiera de las autonomías está motivada por una insuficiencia global de recursos que tiene su origen en la Sanidad, por lo que es una obviedad que retener ingresos ahora no haría más que agravar el caos. Si se empieza cualquier ejercicio sabiendo que la Sanidad tiene un déficit desde el primer día de 150 millones de euros, ya me dirán qué solución se puede adoptar porque hacerse trampas al solitario como hasta ahora parece no ser la solución para eliminar el agujero.

Este país no puede esperar más tiempo. Necesita de un gobierno que no esté en funciones y requiere de un nuevo pacto o modelo de financiación autonómica más ajustado que cubra las necesidades de los servicios asignados en sus competencias. Aunque haya que pasar por una discusión "a cara de perro" como dice Guillermo Fernández Vara en alusión a lo que viene, hay que hacerlo porque es más que evidente que con lo que hay esto hace aguas y vamos camino del hundimiento.