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Calle libre

Nada

 

He estado leyendo estos días acerca del pensamiento banal y de la banalidad en la política. Enseguida me han venido a la memoria las reiteradas declaraciones de muchos políticos, fundamentalmente en la oposición, cuando para hacer una valoración o balance del adversario, suelen emplear la descripción de que no han hecho nada.

Es lo que sucede si nos rodeamos de responsables públicos que o no tienen la preparación adecuada, o simplemente están impregnados de maldad, al mentir a sabiendas. Te encuentras con la estupefacción de que, encima, no tiene consecuencias.

Podrá gustarte más o menos la gestión del Gobierno. Podrás entender que se ha hecho poco con los medios de los que se dispone. Incluso, tendrás la tentación de ensoñar al personal señalando al «otro» como culpable de los endémicos padecimientos que nuestros paisanos tienen que soportar. Sin embargo, es completamente injusto precisar, insisto, no se escucha de manera casual, que no se ha hecho nada. Que la hoja de gestión del criticado está en blanco.

Esto nos pasa por contar con un sistema axiológico donde los valores son lo que menos cuentan a la hora de juzgar el comportamiento de los servidores públicos. Nos hemos acostumbrado a la mediocridad, a la falta de profundidad, al debate dialéctico sin argumentos, que ya sólo nos fijamos en la política de titulares (hasta ayer se decía de tuit).

Prueba evidente de que todo está cambiando es que esa memoria de lo realizado, que nunca ha sido inocente, sino subjetiva, próxima al poder, pero que tiene una contrapartida en aquella otra silenciada e incómoda, se oscurece con la inmediatez de la información telegráfica. Se desprecia, incluso, los medios de comunicación (al margen de las ideologías) y se opta por nutrirse de lo que se proporciona a través de las redes (independientemente de la fiabilidad de las fuentes). Y en esas estamos todo. Tratando de comprender sin necesidad de justificar. En muchas ocasiones buscando ser los poseedores del capital moral.

Como siempre el progreso vendrá de la unión de los avances tecnológicos junto con el bagaje de lo adquirido a lo largo del tiempo. Valga el ejemplo de la nada, de aquellos que no han entendido que la rapidez, que la utilización de un nuevo modelo de comunicación, no solo no tiene que estar reñida con la extensión de la razón, sino que es complementaria y necesaria su fusión.

Procuremos educar en la precisión, en la mesura a la hora de pronunciarnos o en la contundencia de los mensajes incisivos siempre que detrás lleven un respaldo real de contenidos. 

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