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Es decir

Nicotinado

 

Daniel Salgado Daniel Salgado
08/01/2019

Hace un tiempo, quizá un mes, quizá dos, escribí a Almudena Villar, jefa de la sección digital de este periódico, para informarle de un problema de salud que quizá me impidiera escribir el artículo de aquella semana, no recuerdo ahora qué semana. Lo cierto es que era un problema de salud «nada grave» --como tituló su último libro Ángel González, aun sabiendo que se moría--, pero me incapacitaba para escribir. Y así se lo hice saber a Villar, para que el periódico tomara medidas ante la posibilidad de que no enviara el artículo de aquel martes. (Ahora que lo pienso, qué petulancia: ¡como si uno fuera imprescindible!) El caso es que Villar me tranquilizó, pues supe lo que ya sabía: que el periódico tiene recursos para suplir cualquier falta.

Cito a Ángel González porque por aquel entonces yo leía Nada grave, precisamente su último libro, como digo, donde asegura que morirse no es tan grave, aun sabiendo que se moría, insisto. Coño, Daniel, me dije, ¿y a ti una enfermedad banal te incapacita? Así descubrí también lo que ya sabía: que no hay mal --por grave que sea-- que impida escribir a quien está nicotinado de este vicio (y yo fumo desde muy joven). De modo que contesté a Villar con un verso del trío Quintero, León y Quiroga: «Almudena, si falto algún martes, entonces, sí, que las campanas me doblen». Un poco tremendista, lo admito, pero escribí el artículo, que era lo importante.

Viene esto a propósito porque he faltado dos semanas seguidas a la cita: el 25 de diciembre y el 1 de enero. No por problemas de salud, sino de fechas. Como se sabe, las rotativas paran en Nochebuena y Nochevieja y, azares del calendario, esta vez el perjudicado he sido yo. ¿Perjudicado? Comprendo que es una ordinariez este personalismo, y más hacerlo público. Tanto lo comprendo que lo razonable por parte del periódico habría sido suplir hoy esta pieza --sería osado hablar de artículo-- por otra.

Pero es que cualquiera en mi lugar quizá lo habría celebrado, «¡dos semanas sin escribir, qué suerte!», mientras que yo he sufrido síndrome de abstinencia, de tan nicotinado. Y parte de la terapia era esto: contarlo. Perdón.