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Nueva sociedad, nueva política

Novedades y confirmaciones del 10-N

La ciudadanía va a seguir votando contra el sistema hasta que el sistema experimente un cambio real

 

Las elecciones del 10-N nunca debieron celebrarse. Nos han dejado una España peor. El país está más dividido ideológicamente, más escorado a los extremos y más fragmentado territorialmente.

Lo primero a destacar es que la ciudadanía española —al igual que en todo el mundo occidental— sigue buscando un voto antisistema. Desde la aparición del 15-M, los españoles han impulsado primero a Podemos, que llegó a tener 5.189.000 votos (6.112.438 sumando los de Unidad Popular en Común, en torno a IU) en 2015; después fue Ciudadanos, que alcanzó un pico de 4.136.000 el pasado 28-A; y después le ha tocado a VOX, que ha llegado a su máximo precisamente este 10-N con 3.640.063 votos. Si inédita fue en 2015 la fortaleza de un partido a la izquierda del PSOE, inédito es ahora el impulso de una fuerza a la derecha del PP.

El segundo elemento relevante es la creciente importancia de la dispersión periférica del voto. Excepto en las convulsas elecciones de 1979 (14 partidos), en todos los procesos electorales desde 1977 el Congreso de los Diputados había albergado entre un mínimo de 9 formaciones (2016) y un máximo de 13 (1989, 2011 y abril 2019). El 10-N ha marcado un récord inédito de 16 partidos, de los cuales 10 (más del 60%) son regionalistas, nacionalistas o independentistas. Hablando en escaños, el 12%, y hablando en votos, el 11% de los españoles, es decir, uno de cada diez, no ha votado a partidos nacionales.

El tercer elemento es que se ha consolidado definitivamente un modelo multipartidista. Desde 1977 hasta 2011 había dominado un bipartidismo más o menos perfecto, llegando a gozar de tanta estabilidad que en 2008 el tercer partido con representación (IU) tan solo consiguió un 3,77% de los votos. En 1977 y 1979 el bipartidismo fue PSOE-UCD, en 1982 y 1986 fue PSOE-AP y desde 1989 hasta 2011 PSOE-PP. Tan solo en dos ocasiones un tercer partido había logrado superar por poco el diez por ciento de los votos, el PCE en 1979 (10,77%) e IU en 1996 (10,54%). Sin embargo, en los cuatro procesos electorales desde 2015, ha habido cuatro o cinco partidos por encima del 10%, y hasta tres por encima del 20% (en 2015 y en 2016). Además, el multipartidismo ha superado el 10-N una de sus pruebas de fuego, que es el hundimiento de uno de sus partidos, Ciudadanos. Aunque se ha recuperado muy ligeramente (del 45,38% el 28-A al 48,82% el 10-N), el bipartidismo ha registrado el segundo peor resultado desde 1977.

En cuarto lugar, el hundimiento de Ciudadanos (ha perdido más del 60% de sus votantes), parece confirmar que no es posible consolidar en España un partido autodenominado de centro, porque se acaba escorando a la derecha. Ya le pasó a UCD, que duró algo menos de seis años, y que en 1982 perdió el 77% de sus votos; luego lo intentó el CDS, que aunque sobrevivió 24 años solo obtuvo resultados relevantes en las elecciones de 1986, 1989 y 1993, no superando nunca sus datos inaugurales (tercera fuerza, 1.816.912 votos, 9,22% del total y 19 escaños); UPyD (fundado en 2007 y ahora integrado en Ciudadanos) había sido el tercer intento, pero solo tuvo representación relevante en dos legislaturas, llegando a un máximo de 1.143.225 votos, el 4,7%, y 5 diputados en 2011.

En quinto lugar, y como consecuencia lógica de lo anterior, ha de confirmarse la preeminencia del eje izquierda/derecha en el debate público, y además en un empate casi total, tanto en votos (10.546.680 izquierda, 10.396.528 derecha), como en porcentaje (44% ambas) y escaños (158 por 150).

Todo esto confirma lo que algunos llevamos una década diciendo. Primero, que la ciudadanía va a seguir votando contra el sistema hasta que el sistema experimente un cambio real. Y, segundo, que no hay ninguna solución si no es con acuerdos amplios más allá de los ejes ideológicos. El acuerdo PSOE-UP es un paso en la dirección correcta, pero es necesario recordar que la Constitución solo puede cambiarse con 210 diputados, es decir, que faltarían 55 escaños que solo el PP puede aportar. Gobierno en el eje ideológico vencedor de las elecciones y pactos de Estado transversales que reformen integralmente el sistema. No hay más salida de futuro.

*Licenciado en Ciencias de la Información.