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Es decir

Oh, sorpresa

 

Daniel Salgado Daniel Salgado
12/01/2021

La pandemia fue una sorpresa, vista desde lo que ha supuesto: desconcierto, ruina, incertidumbre y muerte, por decir algo, muy poco. Pero no lo fue por inesperada, pues el virus llevaba dos semanas –según el cómputo de la OMS– infectando y matando en China, descontrolado y extendiéndose. Ni tampoco por imprevisible, pues el mundo siguió durante semanas –dos, como poco– yendo y viniendo de su corazón a sus asuntos, como Miguel Hernández. Por supuesto, no se trata de buscar responsables. Se justificará, por un lado, diciendo que se confió demasiado en la OMS, incluida la propia OMS, y, por otro, argumentando que Wuhan quedaba demasiado lejos, lo cual es siempre proclive a la indiferencia, como es sabido. Y en cuanto al origen del virus, ya de paso, ¿qué responsabilidad? No la hay, salvo que los negacionistas tengan razón, claro. Y si la hubiera y no fuera del tipo que los negacionistas afirman, ¿de qué se podría responsabilizar? Ni siquiera de haber comido pangolín, aquel supuesto.

Ha pasado un año, más o menos, y ni gobiernos ni gobernados se han repuesto de la sorpresa, en la cual se sigue y en la que se sigue haciendo lo mismo: contabilizar contagios y fallecimientos, poco más.

Tampoco es que se pueda hacer mucho, excepto lo que se hace y lo que se deberá seguir haciendo durante no se sabe cuánto. Es decir: por parte de los gobiernos, evitar la propagación de casos mediante restricciones, toques de queda, confinamientos, etc., además de proporcionar el dinero, el personal y los medios necesarios, y, por parte de los gobernados, dejar de quejarse y asumir de una vez (sí, casi lo digo) que los repuntes, las olas, los picos, como quieran llamarse, son responsabilidad suya, no el resultado de que el virus descanse, coja fuerzas y vuelva a la carga, animalito. Por lo demás, lo difícil de la pandemia ha correspondido a hospitales y laboratorios: en los hospitales se ha curado paliativamente a los infectados, tratando los síntomas, y en los laboratorios se ha investigado una vacuna, creándola.

Sin embargo, las diferencias entre países, que respecto a la gestión de la pandemia han sido inapreciables (más o menos, más o menos), empiezan a surgir con la vacunación. Oh, sorpresa. Sin aburrir con cifras, en España han recibido la primera dosis unas 200.000 personas, o sea, el 1% de la población. Podría compararse con el país que hoy lidera el mayor número de vacunados, Israel, el 20% de los ciudadanos. Pero la cuestión no es qué país vacuna más deprisa, sino por qué en España se podrían tardar cinco años en vacunar a toda la población, de seguir a ese ritmo: unas 100.000 personas por semana. Si las previsiones para la vacunación ha habido casi un año para preverlas. Si el número de españoles solo ha subido en muertos. Si lo único inesperado ha sido una nevada. 

*Funcionario