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Cosas de la vida cotidiana

El orden no da la felicidad, ¿o sí?

Tu hogar es un espejo de ti mismo y si eres desordenado, me parece mal cambiar

 

Inma Sust Inma Sust
08/04/2019

Conocen a Marie Kondo? Dicen de ella que es la gurú mundial del orden. Tiene libros, tutoriales de Youtube y seguidores capaces de pagarle una millonada para que vaya a sus casas a poner orden. Acaba de sacar un nuevo programa en Netflix que se llama ¡A ordenar con Marie Kondo! Si eres cool tienes que seguir su método, te tienes que desprender de casi todo y ordenar lo que te queda de la forma repelente que te dice ella. «Almacena con alegría. Lo que no te hace feliz, fuera», nos dice. Se nutre de la felicidad para vender su método.

No lo acabo de entender. Hoy un jersey me puede hacer feliz y mañana detestarlo. No sé, me parece muy absurdo y para que alguien venga a mi casa y critique como la tengo puesta ya tengo a mi madre. Tu hogar es un espejo de ti mismo y si eres desordenado o te gusta acumular cosas, pues me parece mal cambiarlo. Tuve una experiencia terrorífica con un chico que conocí en Tinder. Os la cuento. Al llegar a su casa, me di cuenta de que no tenía prácticamente nada. Una mesa, un sofá y una tele. Pensé que se acababa de mudar, pero me dijo que llevaba allí viviendo unos ocho años. Ya no les hablo de cuadros, velitas o libros, no vi ni un triste bolígrafo encima de la mesa, ni un recibo arrugado del súper. Nada. Me dio terror. Por no tener, no tenía ni una mesa para apoyar los pies mientras miras la tele. «No, que se ensucia», me dijo.

Lo entendí rápido. Hay dos tipos de personas en este mundo. Los que están al servicio de sus muebles y los que consideramos que los muebles están a nuestro servicio. Si no te importa, yo prefiero estar cómoda y que la mesa sufra. Me largué más rápido que el viento. Según esta especie de Mary Poppins nipona, ese sería el modelo de casa perfecta, pero lo que yo vi, fue la casa de un psicópata. Yo igual es que no necesito el método KonMari porque no tengo demasiado apego a las cosas materiales y no me cuesta nada bajar la basura. Todo está bien en mi hogar, hasta que llega el día en que me encuentro con algo que no puedo tirar. Ocupa muy poco espacio pero a la vez, me atormenta lo enorme que es y lo rápido que está creciendo.

No, no tengo un hijo clandestino ni un gato obeso. Tengo pendientes de ordenar todos los vídeos y fotos de mi móvil desde el año 2013. Hace unos años cree una cuenta de Dropbox donde lo almacenaba todo. Vídeos y fotos de las comidas que subo a Instagram, mis sobrinos que van creciendo, mis amigos, mis veranos... Y aquí me tenéis, delante del ordenador con un ataque de pánico decidiendo si elimino a mi sobrino, a mi madre o a mi perra Piper. No soy capaz. Lo peor es que las mejores fotos están colgadas en las redes sociales. Igual podría borrar todas las del ordenador y tampoco pasaría nada.

Han cambiado mucho las cosas. Antes hacíamos 12 o 24 fotos y las llevábamos a revelar después de un viaje con la mayor de las ilusiones. Cada foto revelada era una pequeña joya que con el tiempo se ha convertido en algo espantoso. Fotos desenfocadas, mal encuadradas, con los ojos cerrados o rojos por el flash. ¡No se tiraba ni una! Puedo ver a mi madre montando el álbum como si fuera una obra de arte. Esto se ha perdido, las cosas como son. Sí, podemos hacer álbumes digitales, pero para eso, primero hay que ordenar y seleccionar. No soy capaz. Y por si no teníamos bastante, ahora los móviles... ¡hacen ráfagas! ¿Quién tiene la paciencia de escoger entre 50 fotos cuál es la bonita?

Vivo en un estado de ansiedad constante pensando que cualquier día todo, absolutamente todo, lo que tengo almacenado habrá desaparecido. Igual sí necesito a Marie Kondo. Igual necesito aplicar su método dentro de mi ordenador. Pero es que no tengo tiempo. Solo con mirar las fotos que tengo pendientes de revisar, me puedo tirar un mes sin dormir. Venga, lo voy a intentar, me leo el libro de Marie Kondo y qué casualidad, que en el orden del orden, te dice que empieces por la ropa, después los libros, los papeles y por último... ¡fotos y recuerdos! Claro, lo dejamos para al final, porque creo sinceramente que ni ella sabe cómo hacerlo.

A fin de cuentas, todo es mucho más sencillo de lo que parece. El mundo está lleno de gente infeliz. Todos somos infelices en algún momento del día, de la semana o del mes. La felicidad absoluta es imposible de lograr. Y eso es lo que nos vende esta mujer. Si lo tienes todo bien ordenadito, serás más feliz. No estoy en nada de acuerdo con eso. Conozco a personas extremadamente ordenadas y todas ellas son controladoras, obsesivas y se enfadan a menudo, porque la vida, en general, es caótica.

Por el contrario, si aprendes a vivir con el desorden, te molestarán menos cosas y por lo tanto serás más feliz y vivirás más relajado. ¡Que no os vendan motos! Si Marie Kondo es feliz, no es por su repelente método, es porque puede llegar a cobrar 7.500 dólares por ordenarte la casa.