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Encerado y clarión

Un pacto educativo ni contigo ni 'sinmigo'

 

Saturnino Acosta Saturnino Acosta
25/01/2018

Y no, no es una falta de ortografía a conciencia ni una ironía, quizás el antónimo de pactar, es decir, decidir unilateralmente, y eso es lo que algunos pretenden, pero enmascarando la imposición ideológica bajo una falsa bandera democrática, demostrando incapacidad de consenso o diálogo con alguien que no sea la misma mismidad.

En principio, la próxima semana se debería empezar con los quince puntos tratados para consensuar un texto de mínimos que no debiera alargarse más allá del mes de mayo. Pero antes de empezar a discutir, ya se está discutiendo cómo discutir y ni para eso hay acuerdo.

Al término del tiempo límite para que este artículo entre en tiempo, todavía se está discutiendo dos puntos que frenan el principio y por consiguiente el fin, del pacto educativo. El primer escollo, y que parece insalvable, no crean es ningún punto concreto, es sencillamente el número de votos necesarios para llegar a un consenso, a lo que alguno raudo, y en contra del propio significado etimológico de la palabra «consenso» no quiere que sea con los mayores apoyos posibles, basta que sea al menos garantizando que no sea necesario cierto partido político, aunque sea de lejos el más votado, y en su defecto los suficientes para que depender de ellos. Curiosa actitud cuando se trata de alcanzar un Pacto de Estado y no de qué portería saca 4ºA ó 4ºB, en el recreo.

El segundo escollo tampoco es en sí la financiación, que todos coinciden debe ser mayor, es la obligación de que se admita y reconozca por el resto lo que a juicio de unos es una realidad, que hasta ahora la educación además de infrafinanciada ha sido un desastre, --por no ser escatológico--.

La oportunidad, y la responsabilidad, que se nos presenta son únicas. Por primera vez podemos alcanzar un pacto educativo que evite que la Educación sea arma política garantizando la perdurabilidad del sistema, única manera de poder evaluar, corregir, mejorar y alcanzar la ansiada excelencia educativa, el estatuto docente, la carrera profesional, etcétera.

Todos queremos y necesitamos este pacto: alumnos, familias, docentes, sociedad, empleo, futuro y también los políticos, aquellos que se preocupan por todos los anteriores, no por los últimos.

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