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Tribuna

De Panamá al cielo

 

AGUSTIN Franco Martínez (profesor de la Uex)
28/04/2016

Hubo un tiempo pretérito en el que los héroes eran aclamados en los estadios de fútbol, ya fuera pegando patadas a un balón (cosido en Bangladesh) o berreando cantos de sirena (poperos o peperos) ante un micrófono. Pero los héroes cayeron en desgracia y pasaron a ser villanos.

Los héroes fueron descubiertos en pelotas (cosidas a base de recortes) y sin apenas un hilillo de voz (desmemoriada o indignada). El contagio era inevitable. La indignación del vulgo fue notable. Aparecieron falsos profetas, mesías y adanes. Hasta que al fin llegó el Elegido, embistiendo con osborne gallardía. He aquí su mensaje profético:

Amnistiados sean los emprendedores que abren una sociedad offshore, porque ellos no tendrán que pagar los impuestos trimestrales a que son obligados los autónomos por el monstruoso Leviatán (que les tienta a liquidar tengan o no beneficios).

Amnistiados sean los emprendedores que abren una sociedad pantalla, porque podrán decidir libremente cuánto contribuir al Estado Leviatán (que les tienta a tributar cual divino poder). Amnistiados sean los emprendedores que abren una empresa opaca, porque podrán cobrar su nómina íntegra y marcar (si quieren) la casilla de la Iglesia, sin ser objeto de tentación y retención por el Leviatán.

Amnistiados sean los emprendedores que abren una empresa fantasma, porque serán llamados Constitucionalistas, jurarán y besarán la bandera y no caerán en la tentación de romper España. Amnistiados sean, porque de ellos será el secreto bancario y nadie podrá imputarles ni un euro que no sea suyo.

Amnistiados sean los emprendedores perseguidos por abrir una empresa offshore, porque ellos verán a su dios en el paraíso fiscal. Amnistiados sean los emprendedores que sufren el éxodo de su patria endemoniada de impuestos, porque de ellos será el don de lenguas offshore y el poder de expulsar capitales más allá de las fronteras asediadas de espíritus independentistas.

XAMNISTIADOSx sean, porque son refugiados en tierra de nadie, en tierra offshore, de ellos será la tierra entera que poblarán de testaferros y serán bendecidos honoris causa. Amnistiados sean, porque viven el calvario mediático a golpe de click acusados de herejía fiscal; de ellos serán las fundaciones sin ánimo de lucro y la filantropía.

Amnistiados sean, porque ellos serán maestros de moral, ejemplos a imitar, santos que adorar, mártires del capital, profetas de la opacidad, enemigos de tributar... Vacaciones en Panamá. Amnistiados sean los emprendedores que abren una sociedad offshore, porque es legal. Vacaciones en Panamá...

El sermón de la montaña de dinero es su mensaje de fortaleza contra la envidia de los insidiosos piojos. "Luis , sé fuerte", puedes oír desde las alturas. "Lionel , sé fuerte". "Cristina , sé fuerte". No hay rendición. Como en la batalla de Las Termópilas, trescientos aguerridos evasores se enfrentarán contra hordas de invasores indignados. Y acometida tras acometida, campamento tras campamento, caerán de rodillas y doblarán el espinazo.

Tú, tracio, ¿cuál es tu oficio? Herrero, señor. Y tú, griego, ¿cuál es tu oficio? Médico, señor. Y tú, siria, ¿cuál es tu oficio? Maestra, señor. Ya, ya, ya... Evasores, ¿cuál es vuestro oficio? Robar, robar, auh, auh, auh... Ves, querido perroflauta demócrata, he traído más políticos que tú.

Te atreves a venir a las puertas de mi paraíso, con las cabezas de los defraudadores más grandes del mundo, multas a mis testaferros, insultas a mis abogados..., oh, no, indignado, deberías haber elegido mejor tus palabras, ¡esto es... mi tarta! Y la patada contra la puerta sonó atronadora, los desahuciados cayeron como moscas al pozo de la exclusión y la humillación. Y cayeron también los preferentistas y los dependientes y los pensionistas...

Pero no todo está perdido, querido indignado. Te sugiero que te apliques tu propia ética, de la que tan orgullosos estáis los paganinis. No hay motivo para no compartir nuestra cultura empresarial. Nuestros abogados laboralistas te nombrarán jefe sindical de nuestras fábricas en Tailandia, serás responsable de la obra social de nuestro emporio y tu nombre será recordado en la Historia. Sólo una cosa te pido, que te postres y me des tu postre, que me des tus dólares y me adores como a tu dios.

"Generosa oferta me haces, sólo un loco se atrevería a rechazarla". El rey de los indignados moderó el tono, hizo cesiones en el déficit, en el pago de la deuda, en la implantación de la renta básica. Se quitó la coraza de soberbia, le asfixiaba. Se quitó el casco de los pactos, no veía bien. Arrojó la lanza de la indignación, le desestabilizaba. Cayó de rodillas al suelo ante la sorpresa y satisfacción del Gran Banquero, el gran especulador. Y entonces el rey de los indignados gritó: ¡Paaaablo!

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