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MACONDO EN EL RETROVISOR

Pasará, como todo lo demás

 

Pasará, como todo lo demás», esta predicción referida a la crisis del coronavirus, podría estar tan vacía de significado como todos los titulares que leemos a diario, si no fuera porque quien la pronuncia es la voz de la experiencia en el más literal sentido de la palabra. Se trata de la hermana André, nacida Lucile Landon, y es la superviviente de la enfermedad más vieja de Europa. Hace unos días ha soplado 117 velas. No en vano, dicen que más sabe el diablo por viejo que por diablo y esta monja francesa es el mejor ejemplo vivo de este refrán. Nacida en 1904, ha vivido en primera persona dos guerras mundiales, y ha visto transformarse el mundo con invenciones inverosímiles que ahora nos parecen baladí, como el plástico. En su larga vida ha superado muchos obstáculos, entre ellos otra gran pandemia, la de la gripe española en 1918, de la que también se recuperó.

De ahí la trascendencia de sus palabras: «Todo llega y todo pasa. Esto también se pasará«, porque ponen en perspectiva lo pequeño que puede ser un momento histórico, por muy histórico que sea, cuando el contexto es más de un siglo de existencia. Y porque nos enseñan lo importante que es aprender del pasado para mirar al futuro con esperanza.

Estamos exhaustos. Algunos, a todos los niveles y la inmensa mayoría, mentalmente. El pasado sábado se cumplió un año de la primera víctima mortal de la covid en España. Y todos estos meses después, con la que sigue cayendo, es natural que nos parezca que nuestros males son los más grandes que ha habido jamás, porque para eso son nuestros. Pero tener delante el testimonio de la segunda persona más vieja del mundo, que analiza la misma realidad con la serenidad del bagaje que da la experiencia, deja bien claro que a la gestión de la actual crisis sanitaria le fallan, entre otras cosas, la memoria y la autocrítica.
Una médica y catedrática de Historia de la Ciencia en la Universidad de Castilla-La Mancha, María Isabel Porras, ha escrito el libro 'La gripe española 1918-1919', en el que se pueden apreciar claros paralelismos entre la actual y aquella otra epidemia, que se llevó por delante 50 millones de almas. También entonces se le quitó hierro a la enfermedad en sus inicios, los políticos de turno también minimizaron sus estragos y también hubo presión para que los medios de comunicación no «crearan alarma social». Todo ello con el mismo resultado: la situación se fue de madre, como ahora. Lo que cuesta entender es cómo es posible que nadie haya querido mirarse en ese espejo para afrontar un mal tan parecido cien años después, y así evitar tropezar en las mismas piedras. Será la soberbia la que no nos deja ver que no somos tan superiores a los españolitos de entonces, y que la verdadera 'evolución' consiste en mira atrás con humildad y aprender de los errores; y ya no hablo solo de los hace un siglo, sino de los de hace un año. Porque si algo ha caracterizado a esta pandemia que vivimos en la actualidad es la sensación de cansina repetición: de un ir y venir de restricciones para acabar en el mismo sitio.

Vivimos un relativo 'buen momento' en la actualidad, a nivel regional. El número de contagios ha descendido considerablemente, junto con la presión hospitalaria y los fallecidos. Como después de la primera y la segunda ola, hemos conseguido volver a respirar, y ¿cuál es la respuesta? De nuevo flexibilización de las medidas de control. Y las consecuencias son inmediatas: sanciones a tutiplén, terrazas llenas, botellones de más de 50 personas y gente desplazándose sin control. Veremos a ver qué nos deja el Carnaval o qué traen la Semana Santa y la llegada de la primavera y el buen tiempo. Porque todo indica que los tontos de siempre volverán a las andadas, y vuelta a empezar.

En los últimos doce meses hemos aprendido, o deberíamos, dos cosas importantes sobre ese pequeño virus importado de China que tiene en jaque a toda la humanidad: es clave controlar la movilidad y una vacuna eficaz podría pararlo. Poner en práctica las medidas necesarias para asegurar que las dos cosas se apliquen en tiempo y forma es esencial. Porque sí, esto también pasará, como dice la hermana André, pero el cuándo, el cómo, y el número de vidas que nos va a costar, puede cambiar, y mucho, el final de esta historia.

*Periodista