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La curiosa impertinente

Pirómano

 

Recuerdo una tarde de verano, toda paz, sosiego y armonía, rotos en un momento por el súbito petardeo de una moto a la que su dueño había trucado el tubo de escape para procurarse a él y a todos los que sufríamos su loca cabalgada, ese atronador estrépito. Allí nos dejó, ofendidos, humillados y sobresaltados sin posibilidad de recuperar el sosiego y la siesta, la meditación o el descanso. Mi hijo entonces, como único consuelo y desahogo a su alcance, le deseó entre dientes al salvaje el mismo castigo legal, largo y sin redención que a un pirómano. Y es que el resentimiento suele ir acompañado de su buena dosis de exageración.

Porque desde que Prometeo robó en el Olimpo el fuego al dios Sol y se lo entregó a los hombres, y la broma le valió la venganza de Zeus y un horrible suplicio, el fuego ha sido utilizado por el hombre como aliado regenerador y al mismo tiempo destructor. Ahí está, leyenda o realidad, tanto pirómano famoso con Nerón a la cabeza y tanto desconocido perturbado que año tras año se empeña en quemar el bosque porque, según los expertos, encuentra en las brasas destructoras un placer que lo retrotrae a su infancia feliz cuando su progenitor asaba en una barbacoa y él, angelito, se sentía a salvo de todo mal.

Suelen las religiones reservar el fuego eterno para los malvados y a lo largo de la historia han solido los fanáticos condenar a las llamas redentoras los libros, las mujeres inocentes a las que llamaron brujas o los herejes.

Desconozco la patología del pirómano por cliente interpuesto, autor del ninot del rey destinado también al fuego castigador y purificador y al hermosos destino simbólico de que solo quede la calavera, ni si detrás de su desatino existe un espíritu justiciero e intransigente, una infancia feliz de padre con barbacoa, un tirano loco que espera ver renacer de las cenizas la República purificada o un artista mediocre que solo encuentra en la provocación un modo de que hablen de él. Aunque tengo claro que todo el montaje con astronómico precio incluido es un bodrio, una tomadura de pelo y un despropósito.

*Profesora