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Soliloquios

Plásticos

 

Juan Jiménez Parra Juan Jiménez Parra
15/04/2019

Creo que el primer vino embotellado que vi estaba dentro de una botella cuya etiqueta tenía escrita la palabra Savin (vino Savin, ¿recuerdan?). La primera marca de gaseosa que recuerdo se llamaba Revoltosa. Desde entonces hasta hoy ha llovido mucho. Ambas bebidas me vienen a la mente porque las tomaba mi padre para la comida cuando yo era niño. Vino con gaseosa -hoy solemos llamarlo vino con casera-. Por entonces los envases eran retornables, volvían al comercio una vez consumido su contenido. Y se canjeaban por otros llenos, previo pago de su precio, claro. En caso de depósito, el comerciante devolvía el dinero que se había pagado en concepto de envase. Lo mismo ocurría con las botellas de leche -entonces se vendía en recipientes de cristal, luego en bolsas de plástico, ahora en tetrabric y botellas de plástico-. De igual manera se cambiaban las cajas de botellines de cerveza ya consumida por las llenas -¿se acuerdan de El Gavilan?-. Aquello sí que era ecologismo activo. No se reciclaba, se reutilizaba, que es aún mejor proceder.

Las legumbres se vendían a granel, y se envolvían en cartuchos de papel de estraza; las galletas en cajas de cartón; los embutidos, el fiambre, la carne y el pescado se envolvían en un papel encerado de color gris. En muchos casos la compra se acarreaba en carritos en los que se guardaba la fruta y la verdura sin envolver.

Luego llegó la invasión del plástico y el mar se ha convertido en una inmensa sentina llena de plásticos, para mal de los peces.

Cualquier producto, por pequeño que sea, se vende envuelto en plástico. Desde un pequeño bizcocho, hasta una tarta de cumpleaños. Las botellas de refrescos son de plástico. En los grandes supermercados la fruta se la sirve el consumidor y la deposita en bolsas de plástico. La carne y el pescado se guarda en bolsas de plástico. Los embutidos y los fiambres van ensobrados en plástico. En fin, que ya es raro comprar algo que no se sirva envuelto en plástico.

Sin embargo, los grandes supermercados cobran las bolsas de plástico –y en algunos las de papel- en pos de la ecología. ¿A esto cómo se llama: paradoja, negocio o hipocresía?

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