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Jueves social

Príncipes y princesas

 

Atención, atención, pide Damares Alves, la nueva ministra brasileña de Mujeres, Familia y Derechos Humanos, una señora con el aspecto de una de las profesoras de Harry Potter, justo esa que llenaba el colegio de cuadritos con normas e imponía castigos físicos a los pobres niños magos que se atrevían a levantar la voz.

Pero esto no es ficción, sino la realidad, como siempre, empeñada en superar cualquier tipo de inventiva. Damares, abogada y pastora evangélica, se aclara la voz, y ante sus seguidores pronuncia la frase que dirigirá su mandato: «En esta nueva era de Brasil, los niños visten de azul y las niñas, de rosa». Y se queda tan ancha, arropada por el clamor de quienes gritan aleluya y otras cosas parecidas, como si la consigna de los colores fuera el nuevo evangelio y no una frase digna de anuncio de ropa infantil y con más años que las armas del Cid.

Luego ya lanzada, se deja de frases publicitarias y habla del aborto, y de la necesidad de crear un fondo para que las mujeres violadas den a luz a los hijos fruto de la violación y dice que vio a Jesús bajo una guayaba, y que era muy guapo y vestía una túnica blanca, imagino que igual que en mis libros de catequesis de hace ya tantos años.

Pero no estamos en los sesenta, sino en 2019, y aunque me gustaría ser capaz de ver el lado humorístico de este personaje, siento más miedo que ganas de reírme, lo que no deja de ser preocupante. Porque esta lucha contra el feminismo dominante, como dice la ministra, y a favor de la familia tradicional, signifique lo que signifique ese término, pasa en Brasil, y Brasil no está tan lejos, solo hace falta escuchar lo que dicen en Vox sobre la violencia doméstica, o encender la tele y contemplar espantados cómo el fenómeno de la manada se extiende sin poder evitarlo.

Podemos escudarnos en cualquier excusa que nos tranquilice, por ejemplo en esa que achaca las agresiones a un supuesto efecto rebote por el exceso de información, o en que no es que haya más violaciones sino que se informa más sobre ellas, o en las denuncias falsas o en que también hay varones que sufren violencia... Podemos escudarnos sí, y pensar que caminamos hacia adelante, y compartir el vídeo de Glen Close que habla de su madre y de cómo las mujeres tienen que cumplir sus sueños y todo lo que queramos. Hasta pensar que la ministra brasileña solo habla de colores.

Luego, ya si eso, como dicen ahora, abramos un periódico, revisemos las elecciones andaluzas o los mensajes de los integrantes de las manadas, de los chicos normales que ven normal agredir a una mujer bebida, o sin beber, qué más da, si lo que importa es que las familias sean tradicionales, y las niñas, cenicientas rosas a la espera de un príncipe azul, y que se cuente siempre el mismo cuento, no vaya a ser que cambiemos el final y tengamos que hacer el esfuerzo de aprender a contar de otra manera, hasta ahí podríamos llegar.

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