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EDUCACIÓN

Propongo que un día a la semana no haya escuela

 

Sébastien Fournel
10/07/2018

Hoy en día, en esta sociedad tan competitiva en la que nos ha tocado vivir, en la que todo el mundo trabaja o intenta trabajar, todos nosotros queremos que nuestros hijos sean inteligentes, que practiquen deportes, que aprendan a tocar un instrumento de música o que hablen muchos idiomas. Y, además, deben cumplir con unos deberes escolares que cada vez son más exigentes. Con todo este panorama, yo me pregunto cómo es posible conseguir hacer todo esto y, además, que los niños tengan que ir a la escuela todo el día de lunes a viernes y acostarse pronto. No existe ninguna solución mágica, pero deberíamos reflexionar de qué manera podemos adaptar mejor los horarios de los centros de enseñanza. Dada la importancia de organizar la agenda de los niños contemplando todas estas obligaciones, pienso que deberíamos plantear la posibilidad de que un día a la semana no hubiera escuela para, de esta manera, poder dedicarlo a hacer actividades deportivas, artísticas y también a descansar. Hace años, nuestro país vecino, Francia, organizó la semana de cuatro días con el miércoles libre y este modelo parece gustar a la mayoría de niños, padres y profesores a pesar de la dificultad evidente para las familias de combinarse el trabajo los miércoles con los hijos sin clase. ¿Podría ser una solución razonable para todos que el miércoles por la tarde fuera una tarde libre? Está claro que para poder facilitar un cambio de este tipo, debería estar acompañado de un cambio de mentalidad en las empresas, la Administración pública y también las asociaciones y centros de actividades.

SOCIEDAD

Algo está cambiando

Antonia López

Cáceres

Algo está cambiando en nuestra sociedad: nuestra juventud reivindica más valores, más pluralidad de ideas, una sociedad más abierta y solidaria. Un sentimiento latente en las multitudinarias manifestaciones en defensa de las mujeres víctimas de la violencia machista, por la libertad sexual, por el derecho a una maternidad y paternidad más equilibradas, por un sistema educativo más eficiente y moderno. Estas manifestaciones se llevan a cabo en todas las capitales de nuestro país. Nuestra juventud está luchando por sus derechos que en definitiva son los nuestros, los de nuestros hijos y los de sus hijos. Ciegos están nuestros políticos cuando no lo ven, su tiempo está caduco y tendrán que tener ahora los oídos y la mente bien abiertos. Si queremos una sociedad moderna y avanzada deberán tener en cuenta otras formas de entendimiento entre las personas de diferentes sexos, porque el modelo de familia cambió hace tiempo: nuestros niños y niñas merecen ser tenidos mucho más en cuenta de acuerdo con los tiempos que vivimos.

Como madre, he comprobado este cambio tan sutil que ha entrado en nuestras casas y está cambiando nuestra manera de ver las cosas. A todas las madres y padres con hijas e hijos adolescentes y jóvenes: ellos solo se están dedicando a explicarnos con la cara bien alta y voz firme todo lo que sienten, todo aquello que, en su día, a las generaciones anteriores no nos dejaron explicar, amenazados por una sociedad intransigente e intolerante. Y, visto lo visto, dirigida por unos políticos corruptos que precisamente no han sido un ejemplo demostrativo para nadie. Me gusta la idea de la pluralidad porque por mucho que les pese a algunos no hay dos personas iguales ni con las mismas necesidades, así que ¿por qué negar las diferencias? Mejor sería abrazarlas para ser mejores personas y conseguir una sociedad mucho más humana y más justa.