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Textamentos

El pudor

 

No sigo el programa televisivo First Dates, pero a veces me entretengo leyendo en la prensa digital los desencuentros entre quienes acuden a estas citas.

Ignoro si a partir de la grabación de los programas habrá salido alguna pareja dispuesta a llegar hasta el final para ser felices y comer perdices, pero por ahora me parece una propuesta algo kafkiana en la que los postulantes encuentran sentados a su mesa, frente a frente, precisamente aquello que no van buscando.

Me he prometido ver algún día el programa en la televisión, de principio a fin, no sea que yo esté equivocado y haya personas que encuentren el amor de su vida en esos platós donde la pasión no sigue su propio guion sino el que le marcan productores deseosos de hacer caja.

Intuyo que el deseo de conocer a tu media naranja es solo una excusa, y que las personas que acuden a este programa lo hacen no para enamorarse, sino para intentar que la audiencia se enamore de ellos y hacerse así un hueco en nuevos atentados televisivos.

Hay gente que mataría por pasear palmito por uno de estos programas (Supervivientes, Gran Hermano, el propio First Dates, Adán y Eva) para desnudarse --en el último caso, en sentido literal-- ante la audiencia sin el menor rastro de pudor.

Son los tiempos que corren, los tiempos de internet 2.0, ese espacio impúdico donde casi todos mostramos a desconocidos más de lo que deberíamos.

Hoy cuenta la prensa que Santiago Solari, el entrenador del Real Madrid, es hermético, no frecuenta las redes sociales, es amante de la lectura, el cine independiente, la música clásica, el teatro y la pintura.

Quién nos iba a decir que tendríamos que acudir a esas hoscas y prosaicas canchas de fútbol, denostadas por la élite, para encontrar algo de pudor, buen gusto e interés por la cultura.

Si el Real Madrid gana otra Champions, deberíamos hacerle un monumento en Cibeles al pudoroso Solaris.