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Desde el norte

¿Qué hacemos este verano?

 

Se acaba el curso escolar y llega también el verano. Ambas cosas están intrínsecamente unidas y, este año, quienes son padres lo van a notar más que nunca. Porque en esa utopía que es la conciliación laboral y familiar, otros años a estas alturas la mayoría ya tendría decidido el campamento al que irían sus hijos y, sin embargo, ahora miran al verano con incertidumbre y preocupación.

El problema de este año es que los niños llevan en casa más tiempo que nunca y se nota. Tres meses y la mayoría del tiempo sin poder salir a la calle, sin estar con sus amigos. Los niños están más cansados que nunca de las tareas escolares porque les ha faltado la segunda parte, el esperado recreo para charlar, jugar, divertirse, para desconectar.

Ahora, están cansados de todo, de sus padres, de sus hermanos, de las cuatro paredes de su casa y deseando que lleguen las vacaciones. Los campamentos permiten diversión practicando actividades que les gustan con otros compañeros de su edad y para los padres, suponen un respiro, sobre todo psicológico, pero ese respiro, hoy por hoy, está en el aire.

La Junta anunció hace semanas que estudiaba medidas para favorecer su celebración, pero nada se ha vuelto a saber. Alguna empresa privada sí ha publicitado su celebración, pero son las mínimas y además, en los padres existe la preocupación de si tendrán las adecuadas medidas de seguridad para que sus hijos no se contagien. A unos les dará más confianza la administración y a otros la empresa privada, pero la primera tendría que articular alguna fórmula para mantenerlos con todas las garantías. Se trata de un servicio público y este año más necesario que nunca.

Si los padres no trabajan o tienen problemas económicos, solo las administraciones pueden ofertas plazas gratuitas o a precios bajos. Si trabajan y, sobre todo, se mantiene el teletrabajo, se harán más necesarios todavía porque la otra opción será el «me aburro» constante y el estrés que generan los niños que no saben qué hacer ante unos progenitores que necesitan concentración para realizar adecuadamente su función.

Los abuelos, para quien los tenga, no parecen tampoco este verano una buena opción al ser población de riesgo, así que, hay que encontrar una solución con garantías sanitarias que beneficie, tanto a los menores que han hecho un esfuerzo extra en estos últimos meses, como a los padres, que han ejercido de trabajadores y maestros y también merecen su descanso mental.

*Periodista.