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Tribuna abierta

¿Qué pasa con la caza?

Como en todo problema moral, aquí hay que tener en cuenta un sinfín de cuestiones

 

¿Qué pasa con la caza? -

Víctor Bermúdez Víctor Bermúdez
02/01/2019

El asunto de la caza parece un tema tabú, más aún desde que posicionarse a su favor parece un reclamo infalible para cazar votos, especialmente en ciertos ‘cotos’ electorales. Incluso los partidos de izquierda, proclives por principio a una regulación más estricta (que no a la prohibición, que solo defienden los partidos animalistas), prefieren no menear el asunto, al menos aquí en Extremadura. Pero, de otro lado, el asunto no deja de generar polémica en la calle y en las redes, especialmente cada vez que se difunden noticias e imágenes relativas a la caza y más desagradables de lo normal.

¿Es la caza algo moral o inmoral? Y me refiero, obviamente, a la caza como actividad deportiva (hace siglos que, en nuestro entorno, la caza dejó de ser una actividad necesaria para sobrevivir u obtener alimento). Como en todo problema moral, aquí hay que tener en cuenta un sinfín de cuestiones. Una, obvia, es la del sufrimiento animal (la caza consiste esencialmente en entretenerse acosando y matando animales). Otra es la del empleo y el beneficio económico (aquí sí cabrían matices: cuánto, para quiénes, etc.). Otra, la medioambiental (el control de especies), también bastante controvertida (pues medios de control hay otros, y porque parte de esos problemas los genera la propia actividad cinegética). Otra la del arraigo y la tradición (la caza como una suerte de ‘seña de identidad’ y un acicate para mantener vivas ciertas zonas rurales).

¿Qué hacemos con todo este embrollo? Para facilitar la reflexión, vamos a suponer cómo válidos todos los argumentos que dan los defensores de la caza (pese a que todos son discutibles), y vamos a ocuparnos de lo único que no admite discusión: la caza deportiva consiste en ejercitarse en el acoso y muerte de animales salvajes. Podríamos distinguirla de actividades similares (y que se usan para analogías más o menos acertadas) como la pesca deportiva (que puede realizarse sin la muerte del animal), la tauromaquia (que algunos entienden como algo más que un deporte –como un arte, nada menos– ), o hasta el sacrificio de animales para comérselos (que suele justificarse –no sin polémica– por necesidades o, al menos, preferencias alimenticias). Todas estas distinciones son, soy consciente, muy problemáticas (¿en qué se distingue hacer algo ‘por deporte’ de hacerlo ‘por arte’?, ¿hay alguna diferencia relevante entre una preferencia de ocio y una de carácter alimenticio?), pero, por mor de simplificar, podemos dejarlas ahora de lado.

Vamos, en fin, al asunto: ¿es moralmente legítimo cazar animales por deporte? Sobre esto hay diversidad de posturas. La moral tradicional (la costumbre) suele justificarse de modo circular (se caza porque siempre se ha hecho) y desde una cierta concepción de lo que son y merecen los animales (al menos, los que no nos sirven de compañía): seres distintos e inferiores a los que no le debemos más consideración que la imprescindible para garantizar su rentabilidad (en el negocio de la alimentación o el ocio).

DESDE UN PUNTO de vista más complejo (como el de un cierto utilitarismo básico), se admite con frecuencia que la caza deportiva admite cierto reproche moral, pero que las ventajas (diversión, beneficios económicos, control medioambiental...) son mayores a los perjuicios. Los problemas de esta perspectiva son los típicos a toda fórmula utilitarista: ¿cómo se pueden comparar beneficios y perjuicios de tan variada naturaleza (como el dolor y la muerte de un ser vivo con el placer ocioso de un deportista)? ¿No existen fórmulas alternativas para lograr los mismos beneficios (disfrutar de la naturaleza, empleo estable, equilibrio ecológico…) sin ese coste de dolor?

Todo esto da, en fin, para mucho que pensar. Desde una moral lo más racional posible algo es bueno o conveniente al ser humano si se aviene al desarrollo de su naturaleza. Ahora bien, ¿qué está más en la naturaleza del hombre en cuanto a su relación con los animales salvajes: matarlos por diversión, admirarlos estéticamente, desarrollar una empatía moral con lo que, en cierto grado, son sus semejantes, o dedicarse a la contemplación y comprensión de los mismos? Piénsenlo, y actúen en consecuencia.