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Extremadura desde el Foro

Relato(r) salvaje

Pedro Sánchez es un extranjero de la condición de presidente del Gobierno

 

De Stanley Kubrick se ha desmenuzado pormenorizadamente su cine, pero también a la persona. Lógico, siendo como es una de las figuras claves de la cultura contemporánea. La mayoría de esos análisis, trasunto de perfiles psicológicos, nos hablan de un perfeccionista, un trabajador obsesivo, un visionario que leía más allá de lo evidente. Tan dominado estaba por esa pulsión, que no dudaba en llamar a horas intempestivas a sus colaboradores, distraído de las convenciones horarios.

Cuenta el guionista Terry Southern, con el que trabajó en el clásico Teléfono rojo, que Kubrick le despertó una vez en medio de la noche. La película refleja la horrorizada fascinación del autor por la escalada de tensión y amenaza nuclear cruzada, armamento que se había fatalmente usado sólo unos años atrás en Japón. Stanley creía que la propia naturaleza humana podría ser el camino más rápido a la aniquilación, en manos de unos cuantos iluminados pertrechados con un arsenal. Que lo que nos separaba de un desastre total podría ser sólo el sentido común de alguien en algún momento. Así que, le dijo a Southern, preso de una revelación, que aquella historia era tan extravagante que sólo podía hacerse una cosa con ella: una comedia. Al final, la realidad se estaba volviendo una broma macabra.

La rueda de prensa de la vicepresidenta Calvo reconociendo el acuerdo para la presencia de la figura del «relator» en las conversaciones con el gobierno catalán tuvo un punto de irrealidad. Más allá del debate sobre la nomenclatura, el gobierno no sólo no hubo empacho en reconocer que no se había informado previamente a nadie (lo que incluye su propio partido), sino que se extendió en hacer didáctica sobre la descripción de lo que es un relator. Lo cual, por cierto, tampoco tuvo ningún efecto, porque todos (lo que incluye su propio partido) oímos «mediador».

De momento tenemos un claro triunfador de este movimiento táctico, el soberanismo catalán. Tras la presentación de un documento de veintiún puntos para la negociación, cuajado de contradicciones y con voluntad de seguir construyendo un (fabulado) relato de opresión, la consecución del mediador es un inesperado éxito de la «diplomacia» catalanista.

La instauración de la figura del relator supone un doble refrendo a la argumentación soberanista. De un lado, coloca al gobierno en una situación de equivalencia con una comunidad autónoma, legitimando una negociación en las inexistentes posiciones «de igual a igual». Y esto no deja de ser una clara contravención de nuestros órdenes constitucional e institucional (de paso y metidos en faena, demando desde aquí un «relator» para nuestra cuestión extremeña: el transporte).

De otro, entrega un fenómeno entendible y de fácil venta a la comunidad internacional. La internacionalización de su «lucha» siempre ha sido una finalidad del independentismo, y del reconocimiento de la necesidad de mediar se puede extraer la conclusión de un conflicto en marcha. Dejando implícita, por cierto, una visión de España como un país con una democracia de baja calidad. Nada más lejos de la realidad, cierto, pero favorece el relato de la «desconexión» con España que pretende vender el catalanismo: que no son parte de España y que este anclaje no les permite convertirse en la sociedad avanzada que ya son.

Se puede leer entre líneas que lo que empuja a Pedro Sánchez es la aprobación de unos presupuestos para los que necesita los votos catalanistas. Pero lo cierto es que había otras opciones, quizá más complicadas pero perfectamente posibles. Y, sobre todo, que no colocarían su propio partido en la complicada posición pública de estar internamente enfrentados.

Ocurre que aquí el verdadero relato (salvaje) es el propio Pedro Sánchez. En medio de esta tormenta no ha tenido empacho en presentar su ‘Manual de resistencia’, y ausentarse de este debate a pesar de su ubicuidad en otros temas. Tiene su coherencia interna: resistencia es lo que busca y su única verdadera motivación. Pedro es un extranjero de la condición de presidente, y es consciente. Pedro fue fulminado por su propio partido, y es consciente (y no perdona). Está empeñado en construir su presidencia, sin que el coste a pagar tenga peso en esta ecuación.

La responsabilidad, visto lo visto, tampoco. Una broma macabra, sí.

   
2 Comentarios
02

Por Donjo 17:33 - 08.02.2019

Por supuesto, hay que aprovechar cualquier situación. Como Aznar aprovechó una denuncia infundada contra De la Madrid para llegar a la presidencia de Castilla-León y el terrorismo de ETA (el Movimiento Nacional de Liberación Vasca, según él mismo declaró) para alcanzar la Presidencia del Gobierno. ¡Qué patriotas!

01

Por vistacorta 8:29 - 08.02.2019

Ayer en diferentes medios de comunicación preguntaba, ¿ A quien puede molestar que una tercera persona este presente en estas reuniones con asuntos tan importantes para los españoles? Se recibieron diferentes respuestas, y exceptuando dos, todas apuntan que molesta a los que NO tienen interés en que termine el conflicto.