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NUEVA SOCIEDAD, NUEVA POLÍTICA

Representantes asediados

Los asedios a las cámaras de representantes da ya para una monografía amplia

 

Representantes asediados -

Comencemos con algunos titulares de prensa: «Asalto al parlamento de Hong Kong» (La Vanguardia, 01/07/19); «La Policía serbia frustra un nuevo intento de los manifestantes de asaltar el Parlamento en Belgrado» (ABC, 11/07/20); «Amago de asalto al Parlamento alemán: ‘Un ataque al corazón de nuestra democracia’» (Deutsche Welle, 31/08/20); «Asalto al Parlament: los CDR entran en la Ciutadella pese al cordón policial» (Economía Digital, 28/09/20); «Encapuchados asaltan e incendian el Congreso de Guatemala» (La Voz de Galicia, 22/11/20).

He dejado fuera todo lo anterior a 2019 —Venezuela, por ejemplo— y lo que tiene relación con conflictos bélicos pasados o larvados —Georgia, Armenia—, pero la historia de los asedios e intentos de asalto a las cámaras de representantes, durante la última década, da ya para una monografía amplia. Solo en el último semestre de 2020 hubo cuatro, uno cada mes y medio.

El hongkonés tiene que ver con un conflicto histórico pero es útil analizarlo. Primero, porque implica a China, país que aspira a ser primera potencia mundial; segundo, porque la protesta tuvo la cuestión territorial como elemento común con otras de las citadas. Lo que importa aquí es la impugnación de la legitimidad del gobierno hongkonés, acusado de someterse al chino en contra de la ciudadanía.

Lo ocurrido en Serbia tiene relación directa con la pésima gestión de la pandemia, equiparable a la de muchos países europeos. También el intento de asalto en Alemania tuvo que ver con ese mismo origen. El caso catalán lo conocemos bien, y sabemos que nace de la falta de reconocimiento de los asaltantes a la legalidad vigente, con el agravante de que fueron alentados por el presidente de la Comunidad Autónoma («Apretad, hacéis bien en apretar»). Lo ocurrido en Guatemala, donde se llegaron a incendiar varias estancias de la sede legislativa, partió de la negativa a aceptar los presupuestos del Gobierno para 2021.

Las filiaciones ideológicas son opuestas, las causas finales muy diversas y los lugares del mundo muy distantes y dispares desde diversas perspectivas. El elemento común es el rechazo de una parte importante de la ciudadanía a la legitimidad del poder establecido, que termina en un cuestionamiento del marco jurídico mismo.

En estas circunstancias, apuntar a Trump como la causa de lo que ocurrió en EE.UU. la semana pasada es políticamente equiparable a la célebre sentencia: «Cuando un dedo apunta al cielo, el tonto mira el dedo».

No debería hacer falta recordar que lo sucedido ha sido posible porque con solo 43.000 votos más en tres estados, Donald Trump seguiría siendo presidente por cuatro años más; o dicho de otra manera, porque le votaron 74,2 millones de estadounidenses (47%); o dicho de otra manera, porque es el segundo candidato de la historia más votado en EE.UU. Sus ideas nos pueden parecer deleznables, y su actitud política ajena a los cánones democráticos, pero si nos quedamos ensimismados en ese dedo dejaremos de observar lo importante, y es que medio país quiere un líder como él. De hecho, los datos del apoyo a Trump tras el asalto al Capitolio hacen pensar que conserva fuerza suficiente para crear su propio partido y dinamitar el sistema político estadounidense.

La profundidad del malestar que lleva a la ciudadanía a confiar en el primero que pasa por ahí no es propia de EE.UU., se ha extendido por todo el mundo. Aunque la ola más lejana de la angustia podríamos localizarla muy lejos (el nuevo orden mundial tras 1945), haríamos bien en sacar conclusiones de la última, en 2011 —concretada en España en el 15-M—, que la clase política no ha atendido, excepto para realizar cambios de piezas, medidas cosméticas y ligeros matices discursivos al sistema neoliberal que tanto sufrimiento está causando en todo el mundo.

Los representantes políticos, de un signo o de otro, estarán cada vez más asediados. La mitad de la población ya no vota. De la mitad que vota, la mitad lo hace con la nariz tapada. La mitad restante vota opciones que buscan romper el sistema. Los avisos se terminan. Habrá un día en que la catástrofe democrática ya no tenga remedio. Y no será porque no hayamos aportado avisos y propuestas durante la última década. 

*Licenciado en CC de la Información

 
 
1 Comentario
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Por pagafiestas 11:03 - 12.01.2021

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Se le olvida citar la razón principal de tanta agitación: los políticos se esfuerzan pincipal, y casi exclusivamente, en luchar egoistamentes por el poder, llegar a él y mantenerlo a toda costa, entablando constantes disputas y descalificaciones entre los bandos de uno y otro color, y el interés general ocupa el último lugar de sus prioridades. Esa es la razón de que cada vez voten menos ciudadanos, y esperemos que el civismo mayoritario que hasta impera entre ellos evite que de la ocupación de Parlamentos se pase al linchamiento de sus dirigentes. El problema no es exclusivo del sistema neoliberal, pues ¿que me cuenta del comunismo que gobierna en algunos lugares o del que se alía con el socialismo?, ¿o eso no merece ningún reproche?.