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Jueves sociales

Restos de un naufragio

 

Parece una noticia sin importancia, pero es quizá la más relevante de todas las que he leído esta semana.

No tiene nada que ver con el ambiente bronco y enrarecido de la precampaña, ni con fútbol o programas del corazón. Habla de todos nosotros, de educación, natalidad, despoblación y falta de oportunidades en el mundo rural, justo esos problemas que no parecen importar a los políticos de las grandes ciudades.

Trata de un pequeño y hermoso pueblo, Robledillo de la Vera, que apenas alcanza los trescientos habitantes, pero que cuenta todavía con médico, casa de cultura y hasta finales de este año, colegio.

La noticia avanza la crónica de un cierre anunciado, el de esta escuela en la que solo quedan cuatro niños, tres de los cuales pasan al instituto de Losar al año que viene. Quedaría solo una niña, e incluso se ha barajado la opción de dejar abierto el colegio solo para ella, pero, qué hace una niña sola en un aula, si precisamente la función de la enseñanza no es únicamente educar sino también integrar en la comunidad y convertirnos en seres sociales.

Por eso el edificio cerrará a finales de curso, y todo el material (ordenadores, mesas, sillas, libros… una vida entera), pasará a otros colegios que lo necesiten.

Cerrar una escuela es fácil, abrirla, no tanto. Yo entiendo que no se puede mantener una escuela sin niños, pero esta pequeña noticia, este breve sobre un pequeño colegio de un pueblo pequeño nos golpea en el pecho con el impacto de un problema grande.

No solo habla de Robledillo, sino de toda Extremadura, de toda España. Podemos cerrar los ojos, pero la falta de ayudas a la natalidad, y la despoblación de un país que se vacía a marchas forzadas, no son asuntos anodinos.

Me pregunto qué pasará con la agricultura, la ganadería o el pequeño comercio si todos se marchan a las grandes ciudades, si no hay ayudas ni incentivos para que los jóvenes se queden.

Mientras tanto, se bajarán las persianas, se cerrarán armarios y puertas de las aulas y se repartirán boletines, dibujos, mapas, carteles, plastilina… mínimas historias de tantos niños de Robledillo que sí pudieron ir andando a su colegio, llenando de vida las calles de un lugar hermoso construido a la medida del hombre, y no a la inversa.

No queremos verlo, pero esas cajas llenas de material escolar que se cerrarán en junio son restos de un naufragio que nos afecta a todos.