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La trastienda // el artículo del director

Rupturas de pactos

En periodo preelectoral es cuando cabe romper acuerdos, llegan las elecciones y hay que fijar posiciones y también bandos

 

Rupturas de pactos -

Esta semana voy a dedicar este artículo a dos asuntos que aparentemente no tienen nada que ver. Por un lado, al ascenso de Vox y su posicionamiento en el centro del debate nacional; y por otro, a la situación de nuestro tren, un tema manido que tras los incidentes del pasado 1 de enero ha rebasado todos los límites insospechados. El primero puede suponer cargarse el pacto de Estado contra la violencia de género y el segundo el pacto regional a favor del ferrocarril.

Vamos con el primero. Decía Felipe González en los Desayunos de El Periódico del pasado mes de noviembre que no pasa nada porque la extrema derecha ocupe escaño en el Congreso de los Diputados y también que ésta no debería ofenderse por denominarla extrema. Para él, Podemos es de extrema izquierda y lo lleva a gala y la extrema derecha ya estuvo en las Cortes Generales con Blas Piñar y no pasó nada, se convivía con él sabedores de que representaba a una parte de la sociedad española que anhelaba otros principios, otros planteamientos, pero que no compartía la mayoría, que la democracia consiste en eso, en darle cabida a todos los postulados que logran representación a través de las urnas. Para él, todo es asumible si los pilares democráticos son sólidos y las fuerzas constitucionalistas tienen claros los principios sobre los que se sostiene el estado de derecho.

Lo que pasa ahora con Vox tiene a todo el mundo revuelto, soliviantado, sobre todo desde que el PP se ha escorado a la derecha y ha ‘comprado’ parte de su argumentario. Lo último, en lo referente a la violencia de género y su sustitución por «violencia doméstica», lo que supone volar por los aires lo que hasta ahora ha sido un pacto de Estado. Ello ha logrado que la formación de Santiago Abascal se sitúe en el centro del debate de este país otorgándole una mayor visibilidad. La estrategia de Pablo Casado es doble: una, recuperar parte del electorado que antes le era propio y ahora se ha ido a Vox por la ‘flojera’ --dicen-- de Rajoy a la hora de afrontar determinados asuntos; y dos, tender puentes ante una hipotética alianza de fuerzas de derechas si llega el caso tanto en las autonómicas de mayo como en las generales cuando sean.

¿Acertado? Cuanto menos arriesgado. Primero porque no es seguro esa recuperación de apoyos y segundo porque ello supone dejar libre el centro para que, disimuladamente, lo ocupe Ciudadanos. En Extremadura, cuando más ascenso logró el PP en unas elecciones, tanto que gobernó con Monago, fue cuando más se escoró hacia el centro. Su líder adoptó un perfil liberal al que no le importaba incorporar postulados más propios de la izquierda. Es cierto que ahora los tiempos han cambiado y los aires que corren son más rupturistas, de vuelta a los principios conservadores, pero está por ver si Extremadura es un calca de lo que pasa en el resto de España o juega en otra liga. En cualquier caso, los populares no solo aspiran a ganar, sino a sumar con las otras fuerzas de derechas tal y como ha ocurrido en Andalucía.

EL SEGUNDO ASUNTO. El incidente del tren del pasado día 1 de enero fue una Vergüenza en mayúsculas por varias razones. Primero por el hecho en sí, dejar tirados a 180 pasajeros en medio de la nada y a oscuras dos horas. Segundo, porque llueve sobre mojado con una lista de incidencias larguísima y dos manifestaciones multitudinarias de por medio, lo que debería servir para que Fomento y Renfe extremaran las atenciones con este trazado . Y tercero, porque ha desatado una guerra política PP/PSOE que es evidente que no se va a solucionar en este periodo preelectoral en el que andamos.

El Pacto por el Ferrocarril está herido gravemente y veremos si no muere. La salida del PP ahora y de Podemos en octubre pasado, rompe la unidad de acción política dado que se quedan solos PSOE y Ciudadanos. Como dice Monago abiertamente: «hay más representación política fuera que dentro del pacto». Y ello elimina el espíritu con el que se constituyó al inicio de la legislatura que no era otro que dejar los intereses partidistas al margen y convertir la exigencia de un tren digno en un asunto regional.

A Vara le hubiera venido bien endurecer el discurso con respecto al Gobierno en este asunto. Sin embargo, aunque al principio tiró a matar, luego templó gaitas. Quizás primó más la obediencia debida o prefirió sacar un rédito en soluciones antes que el plano electoral, pero el PP vio la forma de romper definitivamente con el PSOE e iniciar su carrera por las urnas y lo hizo asumiendo todos los riesgos.

La culpa de la situación del tren es de todos, unos por inacción y otros por complicidad o condescendencia. El resultado: que estamos como estamos, y han pasado ya 15 años desde que se nos prometieron soluciones. Seguimos siendo el agujero negro de la red nacional y aquí no pasa nada.