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El tablero político español

Salida por el centro-izquierda

La estabilidad del PSOE en las encuestas y el aumento de Cs ofrecen una alternativa nueva de Gobierno

 

Pablo Iglesias y Mariano Rajoy han hecho autocrítica por los malos resultados del 21-D pero nadie sabe en qué ha consistido el examen de conciencia. En la formación morada, el amplio sector crítico se comporta como los contradictores de las políticas del presidente del Gobierno: hablan en los pasillos y callan en la reunión oficial. Esta semana se ha vuelto a acreditar que entre los populares ningún líder regional es capaz de enarbolar la bandera de la disidencia leal y que entre los populistas no hay cuajo para refutar el que se califica como «inconsistente» discurso de Iglesias. Los dos líderes atribuyen a Cataluña los reveses de sus partidos, pero la realidad es otra: ya llegaron al 21-D con plomo en las alas. La crisis de uno y de otro venía de lejos y los comicios catalanes solo agudizaron ambas.

Los analistas demoscópicos –ahí están las últimas encuestas y muy pronto aparecerá la del CIS con estimación de voto– formulan una teoría cada vez más convincente: Podemos y el PP, o a la inversa, se comportan electoralmente como vasos comunicantes. Es decir: en la medida en la que los morados dejan de aparecer como una amenaza al statu quo, desciende también la intención de voto del PP y bajan los porcentajes de fidelidad de sus antiguos electores. La conclusión es que el miedo guarda la viña en la derecha que, cuando percibe que Iglesias ha tropezado, desplaza su voto a una alternativa más convincente: Ciudadanos. Esta es una de las claves que explican el aumento fulgurante de las expectativas del partido de Rivera.

El PP tiene más posibilidades de recuperación que Podemos. El partido morado es un puzle en torno a un núcleo duro –el complutense– al que se engarzan las confluencias que responden a criterios ideológicos y tácticos frecuentemente divergentes. Vistalegre 2, la gran asamblea de Podemos que en febrero entregó el poder a Iglesias que no lo compartió con Íñigo Errejón pese a obtener este el 40% de los votos, se perfila ya como un grave error, no tanto de los inscritos, cuanto del propio líder, Iglesias, que no ha sabido gestionar su victoria, manteniendo actitudes personalistas y prepotentes. El poder partidario de Rajoy es más blando pero no menos implacable. Ambos podrían emular al general Narváez del que se cuentan dos anécdotas impagables.

Se dice del que fuera siete veces jefe del Gobierno entre 1844 y 1868 que en un Consejo de Ministros uno de ellos le espetó que antes de firmar una disposición se cortaría la mano derecha. A lo que el general le contestó: «usted no se cortará ninguna mano. Con la derecha firmará la disposición y con la izquierda me tocará usted los pelendengues». Cuando expiraba, Narváez quiso confesión y al instarle el sacerdote a que perdonase a sus enemigos le respondió: «no puedo, los he matado a todos». Pues bien, algo hay de Narváez en Rajoy e Iglesias. Son líderes extraordinariamente diferentes, en las antípodas ideológicas, pero que por reequilibrios electorales corren una suerte parecida. Incluso, el líder de Podemos ha advertido a Rajoy en el Congreso sobre lo poco «fiable» que para el presidente del Gobierno era Albert Rivera. Ahora Ciudadanos succiona votos al PP, y algunos también a Podemos y, sin duda, más aún al PSOE.

NO ES IMPOSIBLE que la salida de la crisis en España –entre otras cosas para abordar definitivamente la de Cataluña– proceda del centro-izquierda, es decir, de un entendimiento entre Ciudadanos y el PSOE. Tras las generales del 20-D del 2015, Rivera apoyó a Sánchez en la primera investidura fallida de la democracia. Pero aquello fue una prueba de que la sintonía entre ambas formaciones era posible. Rivera ya ha declarado que puede gobernar con la izquierda y la derecha. La estabilidad –frágil pero estabilidad– del PSOE en las encuestas y el incremento de Ciudadanos ofrecen una alternativa nueva de Gobierno tras una confrontación electoral que será en el 2019 si Rajoy no logra sacar adelante los Presupuestos. No hay articulación de la izquierda (PSOE-Podemos) y se resquebraja el entendimiento del centro-derecha (PP-Ciudadanos).

Quizá al país le viniese bien contar con esta nueva opción de amplio espectro, dejando en los márgenes a un PP que necesita un saneamiento a fondo y a un Podemos que acaba de cumplir cuatro años de vida y ya mira más al pasado que al futuro. Ni uno ni otro partido disponen de hoja de ruta. Es posible que Rajoy cambie en marzo el Gobierno y también que Iglesias amplíe el protagonismo de algunos disidentes. Pero ambos han entrado en una fase depresiva que requeriría una larga terapia.

* Periodista

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