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DISCAPACIDAD

El suicidio no es una elección libre

 

Jesús Carrión
01/09/2019

El periodista y escritor norteamericano Ben Mattlin tiene 57 años. El no poder escribir con su propia mano ni hacer autónomamente las actividades cotidianas no le ha empujado a tirar la toalla. Se mueve en una silla de ruedas con un dispositivo que controla con su barbilla. Se graduó cum laude en Harvard en 1984, lleva casi tres décadas de matrimonio con la misma mujer y tienen dos hijas. Hace unos años se las vio negras cuando un error durante una cirugía lo dejó en coma. Los cirujanos dudaron, pero su esposa tenía claro que Mattlin no quería morir y les indicó que hicieran todo lo posible por salvarle la vida.

Por eso aún vive, a pesar de que al verlo, algunas personas se preguntan si no le sería ya mejor descansar, pero él prefiere seguir en la brecha. Mattlin vive, trabaja y bromea y no se corta para responder a los políticos que difunden la eutanasia y el suicidio asistido: «Hasta que no has vivido con una discapacidad incurable, no puedes saber las presiones y la sutil coerción que se sufre para que te quites de en medio».

Cuando alguien físicamente independiente y saludable siente ganas de suicidarse reconocemos la obligación de intervenir y tratar de hacer que su vida sea mejor, pero cuando se trata de alguien con un padecimiento crónico entendemos que el suicidio es una elección libre, pero no. La mayoría de las personas con estos problemas temen lo que la existencia les depara. Si solo supieran que la vida con una discapacidad puede ser tan enriquecedora como cualquier otra, elegirían seguir viviendo. Pero si nuestra cultura no hace un esfuerzo para ayudar a esta gente, a gente como yo, a alcanzar vidas plenas, le estará haciendo un flaco favor a una buena parte de la población.

REFLEXIONES

Wasaps imaginarios

Angus Ruiz

Castelldefels

He leído el artículo de Sílvia Cóppulo, Cuando un contacto se muere, y los recuerdos han venido a mí. Estaba en la sala de espera del hospital aguardando una operación que le estaban haciendo a mi marido. En principio eran un par de horas pero se alargó. Pasaba el tiempo y yo solo quería explicarte lo triste que estaba, lo angustiada que me sentía y el miedo que tenía. Te mandaba wasaps y después recordaba que eras tú el que estabas en el quirófano. Era a ti al que quería contarle que no sabía qué hacer, al que quería explicarle que pasaban las horas y yo estaba quieta en esa silla de hospital, con tu maleta al lado, sin comer ni beber, esperando a que me contestarás a tantas preguntas. Llegó la noche en una sala fría con las luces a media luz y saliste tú, lleno de tubos. Me miraste y me dijiste: «Pobre, ¿aún estás aquí? Estaba preocupado». No contestabas mis wasaps imaginarios, pero durante esas intensas horas nuestra mente tenía wifi y mi corazón tenía línea para ti.

ECONOMÍA

La herencia neoliberal

Miguel Fdez-Palacios Gordon

Madrid

El neoliberalismo debilita al Estado, privatizando empresas públicas y servicios esenciales, bajando impuestos a los ricos, empoderando a los mercados y liberalizando el trasvase de capitales. Y, en el marco de capitalismo salvaje con mercados fuertes, Estado débil y déficit público desbocado, llegó la crisis financiera de la que aún no hemos salido cuando ya se atisban nubarrones de una nueva recesión. Esta insensata forma de ejercer la economía lega un aumento de la pobreza que pone en riesgo la estabilidad mundial por lo injusto. Multitud de informes revelan que los ricos son más ricos y los pobres más pobres, mostrando el fracaso del sistema. Debería proponerse un modelo factible de economía humana que cree empleo de calidad y distribuya la riqueza con solidaridad y justicia.