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La curiosa impertinente

Del supremacismo a la aporofobia

 

CARMEN Martínez Fortún
31/12/2017

Escrache, selfi, refugiado, populismo y ahora aporofobia. Estas son, según la Fundeu, las cinco últimas Palabras del Año. En 2013 era el grito airado contra los poderosos que desahuciaban a los pobres y en este 2017 es la actitud de odio o miedo contra toda clase de pobres. En España, desde aquellos indignados que, para conseguir justicia, violentaban a quienes habían declarado culpables sin juicio, solo se ha conseguido más injusticia. Y en el mundo igual.

Desde Maduro a Trump, desde el Brexit al ascenso de los partidos filonazis en el corazón de Europa, una plaga de rechazo al que se considera inferior, de falta de empatía creciente entre los pueblos, de agitación de las diferencias y de predicar a quien quiera oír que muros y fronteras salvan. Aquel discurso de la indignación fracasó en su intento justiciero pues, al agitar el odio, extendió la idea de que el otro era el culpable y que la única forma de salvarse era prescindir de él.

Y entretanto el sentimiento de rechazo al pobre que amenaza nuestro mundo seguro, aumenta mientras cerramos los ojos al futuro. Una cree que no es aporofobia, sino supremacismo la palabra del año. Ese sentimiento ególatra de divinización de la diferencia, de orgullo bobo de lo propio a lo que se considera lo mejor, nada más que porque es lo mío, alimentado a fuerza de ignorancia atrevida y de desprecio por lo desconocido. El que demostraron los ingleses con el Brexit, el que explota día a día Trump, agitando el espíritu de la América grande frente al mundo ínfimo que son todos los demás. El que mueve a todos los frentes nacionales europeos desde Le Pen a Farage. El que alimenta al judío que pretende apropiarse de Jerusalén. El que llevó a Puigdemont a Bruselas.

Es hoy en día, en este despertar del 2018, el mundo un lugar podrido de supremacismo. Pero no es peor que antes. Simplemente el hombre reincide en los errores que marcan su historia. Y la única vía que salva es la de la resistencia y la denuncia. Por eso, querido lector, pese a las palabras horribles que lo definen, feliz año nuevo. *Profesora

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