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Editorial

Tardía enmienda de Díaz Ayuso

 

Tras semanas de mirar para otro lado, minimizar los datos de contagios y desoír los consejos de los expertos, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, ha acabado por admitir que la situación sanitaria en algunas zonas de su territorio «es gravísima» y «empeora». Y, haciendo un para ella difícil ejercicio de humildad, ha cerrado 37 zonas sanitarias en ocho municipios y seis barrios de la capital.

En total, 850.000 personas tendrán a partir del lunes la movilidad restringida salvo a las actividades imprescindibles.

La medida llega muy tarde, porque ya hace semanas que la infección está descontrolada, y está por ver si va a ser suficiente para frenar el altísimo índice de contagios -1.000 por cada 100.000 habitantes en algunos puntos, según el consejero de Sanidad- y para evitar el colapso de los hospitales, con un 41,7% de las camas en las ucis ocupadas ya por pacientes de covid. El colapso de los centros de atención primaria, que están sobrepasados prácticamente desde el inicio de la desescalada exprés, ya se ha producido porque ni se ha reforzado la asistencia médica ni se contrataron a tiempo los rastreadores.

Estos son los datos objetivos de la gestión que la Comunidad de Madrid está haciendo de la pandemia, una ejecutoria que cabe calificar de incompetente y caótica y en la que ha primado facilitar la recuperación económica, sin duda necesaria, sobre la salud de los madrileños, que parece esencial. Olvidando que lo primero es imposible sin lo segundo, sobre todo si las medidas son insuficientes y acaban siendo necesario un confinamiento más radical. Algunas decisiones, como esperar que 37 pequeñas áreas dispersas en el territorio no haya movilidad con el resto, o incoherencias como mantener abiertas las casas de apuestas y cerrar los parques, no mueven a la confianza ante la gestión de una presidenta asidua a declaraciones desdeñando la pandemia al más puro estilo Trump: «También hay atropellos y no por eso se prohiben los coches», dijo, por ejemplo.

Pero no solo es eso. Como Ayuso ha estado más ocupada en confrontar con el Ejecutivo de Sánchez que en afrontar la imparable escalada de transmisión de la covid-19 en su comunidad. Las relaciones con el Gobierno, que nunca han sido cordiales, se resintieron, anulando cualquier posibilidad de colaboración.

De hecho, en ocasiones ha parecido que Moncloa prefería dejar que recayese sobre Díaz Ayuso las consecuencias de su incompetencia antes que salir al rescate de los ciudadanos de Madrid. Ahora ese enfrentamiento parece haber terminado y de la reunión que Sánchez y Díaz Ayuso mantendrán el lunes se espera un empuje a la cogobernanza, con medidas coordinadas entre ambas administraciones, inéditas hasta el momento.