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La curiosa impertinente

Temporal en Reyes

 

La Organización Meteorológica Mundial lleva bautizando a los huracanes desde 1953. Hasta 1978 usaba nombres femeninos, al ser los expertos mayoritariamente hombres que los llamaban como a sus parientes féminas. Luego se decidió con condescendencia que también los machos podían ser devastadores y nacieron Harvey, Frankly o Andrew junto con Katrina o Wilma. Mas pásmese, amigo lector, ya que un estudio de 2014 de la Universidad de Illinois sostiene que los ciclones con nombre de mujer han sido más letales que los masculinos pues causaron el doble de víctimas. Y no porque fueran más potentes, sino porque la gente los percibe como más inofensivos y toman menos precauciones.

Aquí en España, la Aemet a partir de ahora pondrá nombre a las borrascas, que es a lo máximo que llegamos en materia de perturbaciones meteorológicas. Así que al primero le han llamado Ana, al siguiente Bruno, y al que está por llegar, Carmen. Esto se lleva haciendo un tiempo en Reino Unido, Irlanda, y Alemania donde hasta ponen nombre a los anticiclones. De huracanes, por la bondad de nuestro clima, solo han llegado a lo largo de la historia los restos de Vince, Gordon y Delta. Por eso molaría que se decidiera nombrar también a fenómenos menos espectaculares pero más nuestros. Por ejemplo, al temporal en el Estrecho se le podría llamar Ernesto, y al anticiclón de las Azores, Bonifacio. El reto sería total si nombráramos también a otros fenómenos, tales como chubascos, ventiscas, nevadas o calima. Para marejada valdría María y para fuerte marejada, Mariona. Habría polémica, seguro por los nombres regionales, y si el chaparrón Pedro sería Pera en Cataluña.

En fin, querido lector. Aquí estamos esperando a los Reyes, en un año en que no ha llovido casi, por mucho que nuestros poco productivos y a veces peligrosos temporales ostenten sonoros nombres. En algunas ciudades se ha adelantado la cabalgata y en otras retrasado. Tal vez porque los organizadores no saben que los Magos, pese a la lluvia, llegarán con todos sus regalos y que precisamente el agua es el mejor de ellos.

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