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Entre todos

 

11/03/2013

EL AFECTO CIUDADANO

El fenómeno Chávez

Enrique González Blanco

 

Nunca he estado en Venezuela, por lo que no tengo ninguna base de rigor en la que sustentarme para opinar ni valorar de forma positiva o negativa los cambios que Hugo Chávez hizo en su país.

No he podido observar personalmente como pueda hacerlo un ciudadano allí residente, qué cosas han mejorado o han empeorado desde que fue elegido por primera vez. Unicamente he tenido ocasión de conocerlo a través de cuanto he escuchado y leído en los medios de comunicación, de modo que no me siento con el conocimiento suficiente para opinar teniendo la seguridad de no equivocarme.

Con todo, me resulta cuando menos respetable el afecto que tantísimos ciudadanos venezolanos le están demostrado estos días tras su fallecimiento, hasta el punto de desplazarse muchos de ellos desde pueblitos muy alejados y en condiciones de transporte muy difíciles, para llegar a la capital del país a fin de despedirlo. Semejante fenómeno tan masivo hacia un político o mandatario tras su fallecimiento es difícil de imaginar en cualquier país de Europa, donde las distancias entre los ciudadanos y la política cada vez son mayores y no me refiero a las métricas que también las hay, sino a las del pensamiento. Todo ello, me da pie a pensar que muchos e importantes cambios ha debido de realizar Chávez para favorecer y dar esperanza a una clase social muy humilde que es mayoritaria en su país, de modo que tantísimos ciudadanos venezolanos se hayan sentido motivados a expresar masivamente tan cálido afecto, respeto y agradecimiento a quien fue su presidente.

 

LAS PREGUNTAS

Le llaman democracia

Pedro Serrano Martínez

Valladolid

¿Se puede llamar democracia a un sistema político que permite que la jefatura del Estado esté representada por una monarquía hereditaria colmada de privilegios e inmunidades que le son negados al resto de los ciudadanos?

¿Se puede llamar democracia a un sistema político donde la ley Electoral permite las listas cerradas que dan lugar a que no sean los ciudadanos quienes elijan a los más aptos, sino a que sean los partidos políticos quienes impongan, según sus intereses particulares, a nuestros cada vez más cuestionados representantes?

¿Se puede llamar democracia a un sistema político, en un Estado aconfesional, que sustenta, salvaguarda y colma de privilegios económicos, culturales e ideológicos a una poderosa y antidemocrática Iglesia católica?

¿Se puede llamar democracia a un sistema político en el que la participación de los ciudadanos consiste, básicamente, en votar cada cuatro años para otorgar el poder, casi ilimitado, al partido ganador --o ganadores si pactan-- y convertir así la legislatura en una caricatura democrática?

¿Se puede llamar democracia a un sistema político en el que no es real la separación de poderes; donde las instituciones muestran graves síntomas de parcialidad, sumisión y connivencia con el partido en el poder; donde el poder político está supeditado al poder económico?