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Los trabajos y los días

 

CARMEN Martínez-
13/10/2013

TLta mayoría de los días me encanta mi trabajo repleto de sorpresas sin rutina. Los chicos sorprenden con ocurrencias y genialidades, su ingenuidad enternece y aunque hay momentos duros, si les quieres te quieren. Y si les motivas, aprenden. Que de tontos no tienen un pelo, por mucho informe PISA para jóvenes y adultos que, utilizado interesadamente, desacredite el ingente trabajo de décadas de los educadores españoles. Pese a los siete cambios de Ley.

Me encanta mi tarea creativa y divertida. Como admiro a magníficos profesionales que gozan con lo que hacen, trabajan a la perfección y presentan un producto hermoso, optimista, bajo cuya aparente facilidad se esconde una aplicación constante y un esfuerzo continuo. Pablo Motos con su anárquico equipo se lo pasa bomba y contagia su alegría. O Roberto Brasero , que ha convertido El Tiempo en "top trending" por su entusiasmo e imaginación. Un instituto, un estudio de televisión, un rodaje --¡hay que ver cómo disfruta Rodolfo Sancho en el papel de Fernando el Católico , y cómo le brillan sus ojazos, que menudo Rey Cañón está hecho!-- parecen escenarios más divertidos y menos estresantes que los requeridos para ser dentista, cajera de Carrefour, traductor simultáneo o ginecólogo. Por poner tres ejemplos al azar y sin pretender en modo alguno desmerecer su dignidad e importancia.

Hasta el día de ayer pensé que cronista parlamentario era un pestiño. Pero tras las feministas vociferantes exhibiendo perfectas tetas en performance acrobática, encaramadas a las tribunas, que ni el Circo del Sol las iguala, envidio a Jabois , Gistau , Bustos y demás privilegiados y no solo por cómo escriben. Que amo el teatro y ellos han dejado chiquito a Alfred Jarry y su mítico "¡Merdre!"

Hubiera pagado por el espectáculo inigualable de carita franciscana a lo Jesús Posada , el pasmo de Gallardón y los aplausos de Cayo Lara , sacralizando el topless, el aborto y la madre que las parió, en vivo y en directo. Y por un capón a Montoro . Sueño imposible que comparto con la silenciosa mayoría de los asalariados patrios.