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Jueves sociales

Tres víctimas

 

Han sido tres víctimas en cuatro días. En Villalba, en Calpe, en Terrassa. No son inmigrantes, ni personas con pocos recursos, que parecen las excusas que utiliza la gente de bien para dormir tranquila.

La última víctima era médica, por ejemplo. Y su asesino, abogado. No es falta de cultura, sino de algo que empieza a fraguarse en los hogares, y luego avanza escondido hasta que estalla.

No todos los hombres estallan. Tampoco las mujeres. Frente a esa enseñanza familiar, está la sociedad, la escuela, la vida. Frente a ese no te levantes a recoger la mesa ni a ponerla, mi hijo no hace la cama, o esa chica es una guarra que quiere cazar a mi chico, está el mundo, poco a poco cambiando los estereotipos, solo que a un ritmo muy lento.

Es mucho lo que hay que barrer, y son pocas las escobas, y a veces crece la mala hierba en el terreno que se acaba de preparar. A veces también surgen partidos que echan por tierra lo que se va consiguiendo, y hacen creer a sus seguidores que se vivía antes mucho mejor, cuando las mujeres no podían votar, abrir una cuenta, o eran las únicas acusadas de adulterio y perdían a sus hijos en caso de divorcio.

Entonces, dicen, no había paro, porque las mujeres no trabajaban. Tampoco había paro en la Edad Media gracias a los siervos de la gleba, pero de eso no dicen nada. Mientras tanto, la maté porque era mía o como decía Max Aub, la maté porque no era mía, sigue siendo un lema para muchos.

Y crecen las violaciones en grupo, y crecen también quienes las justifican o tratan de comprenderlas apelando a que las chicas salen solas y beben y no tienen cuidado, como si afuera estuviera la jauría.

Y alguna compañía aérea no deja volar a una chica por su escote, debido a sus normas sobre el vestuario correcto.

A mí me gustaría ver cómo expulsan de un vuelo a tanto chico vestido de forma supuestamente incorrecta, con camisetas abiertas hasta los tobillos, bañador y chanclas, pero aún no he tenido noticias.

Quizá las normas sean distintas según tu sexo. Quizá todo sea distinto, sí, pero hay que seguir trabajando, equivocándose, volviendo a intentarlo, pelear para que nuestros hijos hereden una sociedad en la que columnas como esta ya no tengan razón de ser ni ningún sentido.

* Profesora