WLw a presión policial y la firmeza democrática de la sociedad española y de los partidos políticos son factores que no se pueden olvidar a la hora de analizar la razones por las cuales ETA se encuentra contra las cuerdas. Subrayado este extremo, que conviene precisar desde el principio, si la banda terrorista necesitaba un pretexto, revestido de solemnidad, para anunciar el final definitivo de la violencia, ayer se lo sirvió en bandeja la denominada Conferencia Internacional de Paz de Euskadi, reunida en en el palacio de Ayete, de San Sebastián.

La entidad de las personalidades extranjeras convocadas a la reunión, el comunicado de cinco puntos emitido y la ausencia de los gobiernos central y vasco deberían ser motivo suficiente para que los terroristas anuncien el cese definitivo de los actos terroristas, y que lo hagan a la mayor brevedad. Es más: es difícil imaginar un marco para acabar con la tragedia más cercano al reclamado con insistencia por la izquierda aberzale.

Aunque no faltarán quienes atisben cesiones en el texto aprobado, lo cierto es que el llamamiento a los gobiernos español y francés para que negocien --y a la sociedad en general para que promueva la reconciliación, con respeto a la memoria de las víctimas y a sus deudos-- es algo que formaba parte del guion desde antiguo. Aunque sin la persecución policial y judicial la banda jamás hubiera estado tan cerca de tirar la toalla, estas no bastan para zanjar tantos años de violencia.

Cuantos se empecinan en sostener lo contrario saben que, en algún momento, algo deberá negociarse --y nada indica que tengan que ser necesariamente contrapartidas políticas-- para que ETA entregue las armas y desaparezca de la escena de una vez por todas. Suponer que no cabe más final que la claudicación de ETA es ignorar la historia de otros conflictos similares al del País Vasco.

De hecho, la conferencia de San Sebastián ha asumido en parte el esquema aplicado a la resolución de la violencia en Irlanda: allí no se exigió de entrada la disolución del IRA, sino el final irreversible de la violencia. Luego hubo que afrontar, como sucederá en Euskadi, la situación de los presos, y proceder con sentido político para avanzar. Es algo que conviene recordar para evitar que prevalezcan los fundamentalismos, tan comprensibles emocionalmente como poco prácticos desde el punto de vista político.

¿Se ha equivocado el PP no participando en esta reunión? Su posición es lógica, por su trayectoria, con respecto a esta cita. Pero si, como muy bien es factible que ocurra, le toca administrar el fin de ETA desde el poder, deberá actuar con altura de miras y con voluntad de consenso, cuanto más amplia mejor. Que Mariano Rajoy medite gestionar el proceso de la mano del PSOE y el PNV es indudablemente una buena señal.[,02]