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VERGÜENZAS AL AIRE

 

ANGEL ROBINAANGEL ROBINA 24/07/2003

Catedrático de la Uex

Joseph nació en el año 1897, doctor en Filosofía, escritor y periodista, llegó a ministro de Propaganda de un poderoso país centroeuropeo. Su jefe de gobierno le profesó un cariño tan especial que le nombró su heredero, aunque ambos murieron sin que afortunadamente se llevara a cabo el hecho sucesorio. Pero antes, en 1933, Joseph fue autor de la frase: "una mentira mil veces repetida, se convierte en una verdad sucedida".

Días pasados, otro Joseph, el inefable ministro Piqué, parafraseando a su homónimo (pero de apellido Goebbels), comparaba las estrategias del resto de los partidos (no uno, ni dos, sino todos), con tácticas nazis, por supuestas reiteraciones sobre una involución autonómica alimentada desde el gobierno.

A pesar de los 70 años transcurridos desde entonces, cuando lo único que queda de los vientos del nazismo es el recuerdo de una desgraciada historia, todavía hay quienes, como Piqué, intentan desautorizar a sus oponentes políticos con comentarios públicos, con raíz en un pasado tan repudiable.

Frente a este tipo de mensajes, cuanto menos muy desafortunados, aparecen otros que tienen como común denominador el intentar aportar argumentos a los ciudadanos, para que seamos quienes extraigamos las conclusiones oportunas, según el sentir de cada cual. Un buen ejemplo es el de la profesora Alberdi, colega de la Universidad Complutense, para quien "no vale todo" en política. No vale todo para justificar las vergüenzas propias. No vale confundir a las gentes con frases sin ningún sustento en hechos, con mentiras, con comentarios de doble sentido, con alusiones interesadas, con bulos, con intencionalidad manifiesta. En suma, con toda una batería de noticias estratégicamente articuladas y difundidas de manera sistemática por los responsables de comunicación del partido, para mantener a las gentes con la fidelidad de voto y, sobre todo, con aversión hacia los oponentes políticos.

La táctica le viene dando pingües beneficios al PP. Véase el caso de la guerra de Irak, pese a la cual sólo un 4% del electorado cambió el sentido de su voto en las elecciones. Demonizar al adversario político, acusarlo de radicalismo, reiterar argumentos apocalípticos, aunque sean falsos, repetir las mentiras una y otra vez, termina dando réditos electorales y convirtiendo al responsable de todo un desaguisado en un líder político incontestable.

Es más, si pasado el tiempo se demuestra que tales noticias nunca fueron sucedidas, toca olvidar la doctrina de Joseph, y se pasa a acuñar una nueva: nada de comparecer en el Congreso para dar explicaciones. Por mucho que los restantes grupos políticos pidan la comparecencia del inefable mayor del reino, aparece la aplastante mayoría de los diputados populares para oponerse. Toca silencio. Por mucho que se insista, la postura de España quedó ya explicada, tanto que para Arenas, siempre genial, el número de veces que se ha comparecido al respecto no ha tenido parangón en la historia de este país.

Mientras que aquí se olvidan las antiguas promesas electorales sobre la transparencia y se da todo un ejemplo de desvergüenza política, Bush y Blair enfrentándose a las opiniones públicas de sus países, con mecanismos contrastados para que toda la verdad sea conocida. Para entonces, ¿seguirá negándola el tercero de las Azores? Me temo que cuenta con no estar ya.