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REPORTAJE

Un léxico muy autóctono

  •  Manuel Casado reúne en su último libro más de 850 palabras familiares que usaban nuestros antepasados y que aún siguen en boca de muchos dombenitenses resistié
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    Manuel Casado, autor del libro del léxico de Don Benito - Foto:LINO SANCHEZ

    F. J. HORRILLO DON BENITOF. J. HORRILLO DON BENITO 18/02/2003

    Hay palabras que son historias, que evocan épocas, ambientes, circunstancias, mentalidades particulares. Renunciar a conocer la manera particular de expresarse en español que tenían nuestros antepasados es cortar un vínculo más con ellos; es decir, entendernos peor a nosotros mismos". Con esta declaración de intenciones justifica el dombenitense Manuel Casado Velarde el motivo de su última obra, que bajo el título de El léxico diferencial de Don Benito , presentó a finales del año pasado en su pueblo.

    Este catedrático de Lengua Española de la Universidad de Navarra es autor de cerca de cien publicaciones científicas, y entre ellas no podía faltar esta sobre su Don Benito natal, que reúne unas 850 palabras familiares y entrañables que aún siguen en boca de muchos dombenitenses y que perviven como una seña de identidad más que se resiste a desaparecer con el tiempo.

    Buceando entre las páginas de este libro, nos encontramos con expresiones que aún siguen a la orden del día en el vocabulario de muchas personas mayores como ave o avé --para expresar resignación o conformidad--, cádace --afirmación que equivale a por supuesto--, contimás --máxime, cuanto más--, entavía --todavía-- o velaquí --aquí tienes--.

    Entre los adjetivos, los hay variopintos y para todos los gustos. Para referirse a las personas torpes se recurre a calambuco o cenacho ; los traviesos también son fusquillas , perigallos o garroteros ; a los curiosos se les denomina hurgaheces o escusados ; los que actúan con disimulo son soncones y los vagos y holgazanes se llevan el calificativo de jariegos o perritracos . No obstante también hay risorios --que son motivo de burla--, mandilones --afeminados-- o farraguas --descuidado en el vestir--.

    En cuanto a los verbos, recadar o destravesar hacen referencia a la acción de ordenar, siendo su antónimo amoragar . Emborracharse tiene varios símiles como apiparse , jatearse o cogerse una mosca . Mientras, entajar o entretallar servía a los niños para expresar que el balón se les había encajado en el tejado y ranear era manifestar indecisión.

    SUSTANTIVOS

    No obstante, es en la familia de los sustantivos donde se observa una mayor riqueza lingüística autóctona. El sacamantecas o el camuñas era el personaje imaginario con el que se asustaba a los niños. Un orinal podía tener hasta tres sinónimos como escupidera , mica o bacinilla , que no bacía , que era una palangana o jofaina. Además una pitera , a parte de un desconchón o agujero en la pared, era una herida en la cabeza, fruto muchas veces de algún arrepío --arranque brusco--.

    Por último, en el ámbito gastronómico también hay vocablos que incluso al forastero podían descolocar en cierto momento, ya que al albaricoque se solía llamar albarillo , a las judías habichuelos o frijones , al melocotón durazno o a la manzana pero .