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Cantos de grillo

Damas y caballeros

En el horizonte de los deseos de hombres, hastiados por las guerras, está Yuste

 

Ignacio del Dedo (profesor y escritor)
24/09/2013

Cada año por estas fechas suele haber investiduras de damas y caballeros en el Real Monasterio de Yuste. Al parecer, esta vez tendrán lugar el 5 de octubre. Este tipo de evento, unido a otras efemérides otoñales, trae a la memoria los nombres y figuras de dos caballeros que acompañaron al emperador Carlos V en momentos trascendentales de su vida y de la historia de España. Me refiero a Garcilaso de la Vega y a Francisco de Borja.

Garcilaso de la Vega fue prototipo del caballero renacentista: un hombre noble, generoso y culto. No en vano es considerado uno de los más grandes escritores de nuestra lengua. Murió en Niza, con menos de cuarenta años, un 13 o 14 de octubre de 1536, luchando al lado del Emperador. Se cuenta que al oír de boca de Francisco de Borja la trágica noticia, el emperador exclamó: ¡Qué buen caballero era! Y siglos después, Rafael Alberti recreará la expresión: "Si Garcilaso volviera, yo sería su escudero; que buen caballero era".

Por su parte, Francisco de Borja compartió con el emperador la idea de cambiar la espada por La Palabra y la vida retirada. Sobre el asunto, nos ilustra el maravilloso artículo de don Emilio Castelar (El viaje de Carlos V desde Bruselas a Yuste; Madrid, 1886) En las páginas dedicadas a la estancia del emperador en el castillo de Jarandilla, resume así la visita de Francisco de Borja:

"Francisco se arrojó a los pies de Carlos, y le dijo que deseaba comunicarle todos los secretos de su alma... El Emperador se incomodó mucho con humildad tan excesiva, y le conminó a levantarse, diciéndole que no cambiaría palabra con él mientras lo viese de rodillas...Tres días duraron los coloquios entre ambos, descendidos de alturas análogas a la tristeza y retiro de los claustros, como para ver y para tocar en sí los dos extremos y polos de la vida humana".

En el horizonte de los deseos de esos hombres, hastiados por las guerras, está Yuste. Su carácter de palacio y convento es un faro que alumbra sentimientos patrióticos (siglo XIX), órdenes de caballería, música sacra, meditación y mucho silencio.