+
Accede a tu cuenta

 

O accede con tus datos de Usuario El Periódico Extremadura:

Recordarme

Puedes recuperar tu contraseña o registrarte

 
 
 
   
 
 

Interferencias

Emergencia nuclear

Han comprendido la necesidad de un continuo seguimiento en los planes de emergencia

 

José Manuel Martín (doctor en Comunicación)
08/11/2013

Dicen que de todo se aprende, incluso de las peores tragedias, aquellas en las que, aunque no se pierden vidas humanas, si se evapora el sentido propio de la existencia cuando un hogar se convierte en un frágil recuerdo, o los vecinos de siempre en meras sombras del pasado.

Nos sorprendemos a nosotros mismos si éstas ocurren en países que concebimos como prósperos y democráticos. Por eso, cuando en 2011 se desató el accidente nuclear de Fukushima, nadie comprendía lo que pasaba, y por eso se cometieron los suficientes errores humanos para llegar a la situación actual de crisis permanente. Fukushima puso encima de la mesa la necesidad de establecer controles más férreos en las plantas. Chernóbil siempre había sido otra cosa.

Desde el accidente, las políticas sobre energía nuclear han sufrido importantes cambios, así como el abanico de medidas a adoptar por los empresarios. A los organismos encargados del control nuclear se les ha dado un balón de oxígeno depositando en ellos más carga de investigación y control, alejando así la duda que durante años ha sobrevolado sobre su funcionalidad.

Las autoridades, que se habían acomodado, han comprendido la necesidad de un continuo seguimiento en los planes de emergencia, se entiende así que desde la UE se pusiera en marcha la realización del simulacro que estos días ha tenido lugar en el entorno de Almaraz, y que desde el Ministerio de Interior, Protección Civil, la Subdelegación del Gobierno, y los ayuntamientos de los municipios de su área de influencia se hayan puesto todos los recursos necesarios para su correcto desarrollo.

Ahora nos toca concienciarnos a los ciudadanos que vivimos con esta realidad; los que convivimos con la central a diario como parte de nuestra rutina, y sin la emoción del foráneo, tenemos que aprender a convivir también con los planes de emergencia, porque sólo si éstos se evalúan y se corrigen estaremos en el camino de que algún día funcionen si nos encontramos ante una emergencia real.