Los fármacos denominados Inhibidores de la Bomba de Protones (IBP), conocidos vulgarmente como "protectores gástricos", son los medicamentos más consumidos por la población extremeña, según el Servicio Extremeño de Salud (SES), que subraya que pueden causar efectos adversos, especialmente en tratamientos prolongados.

De acuerdo a un informe elaborado por la Subdirección de Gestión Farmacéutica del SES, de cada 1.000 pacientes que acudieron a las consultas médicas durante el año 2018, a 163 se les prescribió un fármaco de este tipo, principalmente el más conocido de ellos, el Omeprazol.

Su utilización es aún más elevada proporcionalmente entre los pacientes polimedicados de 75 años o más, dado que nueve de cada 10 toman un IBP, según informa la Junta en un comunicado de prensa.

No es un fenómeno exclusivo de Extremadura, ya que el consumo de Inhibidores de la Bomba de Protones ha aumentado de forma exponencial durante los últimos años en toda España, hasta situarse muy por encima de la media europea, superando incluso al de medicamentos tan populares como el paracetamol o el ibuprofeno.

Las indicaciones principales de este tipo de fármacos son el tratamiento de enfermedades relacionadas con la secreción ácida gástrica y la prevención de gastropatías secundarias a ciertos antiinflamatorios, como por ejemplo el ibuprofeno, en personas con factores de riesgo de complicaciones gastrointestinales.

Según el informe, el motivo del elevado consumo de los IBP puede estar relacionado con su prescripción inadecuada, la automedicación -desde 2016 pueden adquirirse sin receta médica- y con la creencia equivocada de que son "protectores" cuando se toman varios fármacos a la vez, sean o no gastrolesivos.

En realidad, son medicamentos bastante seguros a corto plazo, entre cuatro y ocho semanas, pero pueden causar efectos adversos, especialmente en tratamientos prolongados.

Se han asociado, por ejemplo, a un aumento del riesgo de aparición de neoplasias -tumores- gástricas, infecciones intestinales o respiratorias, osteoporosis, hipomagnesemia -nivel bajo de magnesio en la sangre-, enfermedad renal aguda, demencia en pacientes mayores o a la disminución de la absorción de hierro y vitamina B12.

Además, el SES ha detectado mediante su sistema informático "Jara", que no son pocos los pacientes que tienen incluido en su tratamiento dos o más fármacos IBP, algo que no tiene ventaja alguna pero sí puede ocasionar inconvenientes.

Para intentar evitar el consumo excesivo o inadecuado de estos mal llamados "protectores gástricos", el SES está desarrollando desde hace meses una intervención farmacoterapéutica liderada por los farmacéuticos de Atención Primaria y de Área de toda la región, que incluye entre otras acciones una revisión de estos tratamientos.

Con esta intervención, el SES pretende fundamentalmente sensibilizar a los profesionales sanitarios sobre el problema del sobreconsumo de IBP, ayudándoles a decidir correctamente cuándo utilizarlos, cuál seleccionar, en qué circunstancias y cómo y cuándo suprimir el tratamiento.

La intervención ha consistido básicamente en la elaboración de un documento sobre uso adecuado de estos medicamentos y la realización de sesiones clínicas impartidas por los farmacéuticos a los profesionales sanitarios de todos los centros de salud de la región.

Por su parte, la Subdirección de Gestión Farmacéutica del SES ha enviado a todas las áreas de salud los listados de pacientes con duplicidades de IBP en sus tratamientos.

En el Área de Salud de Cáceres, por ejemplo, donde casi 3.000 pacientes se están medicando de forma continuada con estos fármacos, con la revisión de tratamientos se han detectado duplicidades en las prescripciones de IBP en más del 4 % de ellos, pese a que la presencia de dos o más IBP en el tratamiento de un paciente no aporta nada y supone un mayor riesgo de posibles efectos adversos.

Una vez seleccionados los pacientes del área que tenían duplicidad de IBP, los fármacéuticos de los centros de salud generaron informes para los médicos de cabecera de los pacientes afectados recomendándoles la deprescripción de uno de los tratamientos.

Como resultado de esa actuación, en el 85 % de los pacientes se eliminó la duplicidad y en el 10 por ciento el médico suprimió todos los tratamientos con IBP, ya sea por falta de adherencia, por considerar que no eran necesarios o porque había finalizado la causa por la que se prescribieron.

"Esta no es una acción puntual, el SES mantendrá su intervención sobre los tratamientos con estos fármacos a largo plazo", según ha asegurado la subdirectora de Gestión Farmacéutica del organismo que gestiona la Sanidad pública extremeña, Concepción Carmona, porque el consumo de estos medicamentos está muy arraigado en la población, favorecido por esa falsa creencia y el hábito de la automedicación.