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Las cuatro procesiones escapan de la lluvia y disfrutan del día grande

Los hermanos del Humilladero desfilan a la Virgen de la Encarnación con su nueva advocación . El Cristo de la Salud estrenó quinteto de viento y encabezó por primera vez el recorrido de la Vera Cruz

 

Mantillas de la Vera Cruz. - FOTOGRAFÍAS: FRANCIS VILLEGAS

La Virgen del Sagrario y la Sagrada Cena (al fondo), ayer por la mañana. - FOTOGRAFÍAS: FRANCIS VILLEGAS

CELIA GÁLVEZ NÚÑEZ
19/04/2019

Uno de los días grandes de la Pasión amaneció con el cielo oscuro, aunque las lluvias no fueron muchas. La jornada del Jueves Santo esperaba cuatro procesiones que abrió, como cada año, la Sagrada Cena. Eran las 11.00 horas y el centro de la ciudad estaba repleto de personas, pero aún había más en la puerta de Santiago, lugar de donde salieron la Sagrada Cena, el paso que pesa dos toneladas y que cargaron un centenar de hermanos, y la Virgen del Sagrario. La tarde se presentó con lluvia pero en torno a las 19.30 horas, despejó y el Cristo del Amor apareció por la capilla del colegio San José, acompañado por primera vez de un quintento de viento que interpretó diferentes marchas. Además, el orden de la procesión cambió y fue el Cristo del Amor el primero que salió. Le siguió Jesús de la Entrega, el de los adolescentes, y después la Virgen de la Caridad, que iba acompañada de la banda Ciudad de Tormes, como en años anteriores.

Al rozar las 20.00, mientras los cofrades del Amor portaban sus pasos, en la plaza de San Mateo, repleta de visitantes, estaba a punto de iniciar su recorrido por el empedrado, una de las procesiones más antiguas de la ciudad, la Vera Cruz. El casco histórico estaba preparado para a recibir a una austera y tradicional cofradía. Primero desfiló el paso de la Oración en el Huerto, del año 1898, cargado por 40 hermanos y con la novedad de que para esta Pasión habían incluido nuevos vareles, más los que ya tenían, según explicó Mario Muriel, el mayordomo de la comitiva. Este año, el Cristo de la Salud llevaba velas en lugar de bombillas e iba decorado con flores siemprevivas. La Virgen de la Dolorosa, fue la última en traspasar el portón de San Mateo, que llevaban 50 hermanos y lucía a su alrededor claveles de color sangre de toro.

Una vez cayó la noche, en la puerta del Espiritu Santo, alrededor de 450 hermanos del Humilladero se disponían a procesionar y a cargar los tres pasos de la comitiva. El aluvión de novedades que tenían preparados para esta Semana Santa se los llevó la Virgen de la Encarnación que estrenó advocación, además de adornos donados por hermanos de la cofradía, según indicó José Diego Rodríguez, el mayordomo, como una faja y cinturilla en hilos de oro y seda; un rosario de filigranas de plata; una corona real y un rosario de cuentas negras. También llevaba una placa de San Hemergildo y otra de la Policía Local. A su vez, el Cristo del Humilladero estrenó cíngulo e iba adornado con rosas rojas, astromelias, gerberas rojas y claveles morados. El Humilladero sorprendió con una novedad, integrantes de la banda de la cofradía a parte de ponerle la nota musical, 22 de sus músicos cargaron a su Cristo.

En la mitad del recorrido, llegadas ya las 23.00 horas, la Virgen recibió una ‘petalá’ en la calle Colombia.

MÁXIMA EXPECTACIÓN / «¿Sale o no sale?», era la duda que tenían los que llevaban, incluso horas, a la espera del Cristo Negro, la leyenda del Miércoles Santo. La parte antigua estaba llena, como de costumbre, para ver al paso del silencio. Aunque esta vez, después de una tarde lluviosa, existía la duda de si la procesión saldría de Santa María o no.

Finalmente, el agua cesó y la comitiva, con hábito benedictino y cíngulo de esparto, traspasó el portón de la concatedral, pasada la medianoche. Además, le cantaron una saeta en Santa María y en el resto del recorrido por el intramuros le acompañó un timbal y una esquila.

La espera para aquellos que querían contemplar la talla del siglo XIV, aún no sabiendo si llovería o no, mereció la pena.