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EL ARBOL EVOLUTIVO DE LOS HOMINIDOS

7.000 millones de gotas de agua

Las diferencias genéticas entre los humanos son muy inferiores a las que se observan entre las diversas especies de simios La estirpe humana sufrió un colapso demográfico en algún momento de su historia

 

ANTONIO MADRIDEJOS
17/07/2013

Las diferencias genéticas entre dos humanos elegidos al azar en cualquier rincón del planeta son de media muy inferiores a las que se observan entre dos individuos de cualquiera de las otras seis especies de primates homínidos que sobreviven actualmente, según muestra el primer estudio comparado de todos ellos. "Es sorprendente observar qué parecidos somos los casi 7.000 millones de humanos", explica Tomàs Marquès, investigador del Instituto de Biología Evolutiva de Barcelona, y codirector del trabajo junto a Evan Eichler, de la Universidad de Washington (Seattle, EEUU). "Los seres humanos tienen una historia evolutiva relativamente simple", añade.

Para explicar tan escasa variación, el estudio insiste en que solo hay una posibilidad: la especie humana sufrió en un momento relativamente cercano de su evolución un colapso demográfico, "un cuello de botella que redujo al mínimo sus efectivos", prosigue Javier Prado-Martínez, estudiante de doctorado del IBE y coautor del estudio. Un pequeño grupo de supervivientes, formado probablemente por unos pocos miles de individuos, dio lugar a toda la estirpe actual.

El trabajo científico, cuyos detalles se han publicado en la revista Nature , ha analizado 80 genomas de las siete especies que, según la taxonomía actual, componen el grupo de los Hominidae: humano, orangután de Borneo, orangután de Sumatra, gorila occidental, gorila oriental, chimpancé y bonobo. Para evitar problemas de consanguinidad, los ADN de los simios se han obtenido de individuos en libertad, tanto en Africa central como en Asia sudoriental, una circunstancia que ha dificultado enormemente el trabajo. Para ello se ha contado con el apoyo de diversos grupos conservacionistas.

Los genomas de una pareja de orangutanes, prosigue Marqués, difieren en más de 2 de cada 1.000 pares de bases (unidades mínimas de información genética), en comparación con 1 de cada 1.000 pares de bases entre dos seres humanos (la diferencia es muy escasa incluso entre los humanos africanos y los restantes humanos herederos de las migraciones fuera del continente).

Los cuellos de botella también han formado parte de la historia evolutiva de los gorilas orientales y los bonobos (o chimpancés pigmeos), que muestran asimismo una variabilidad muy baja. En cambio, las diferencias entre las diversas poblaciones de chimpancé común han resultado tan grandes que el estudio cuestiona incluso la tradicional división de los simios en seis especies.

"Llevamos casi una década publicando genomas individuales, pero nunca se había hecho un esfuerzo para analizarlos de una manera homogénea y así poder compararlos. Necesitábamos de golpe al menos 15 o 20 individuos de todas las especies", dice Marqués. Ello ha permitido dibujar el árbol evolutivo de los Hominidae y, en función del número de cambios genéticos observados, calcular la época en la que se produjeron las divergencias.

El esfuerzo, considera Marquès, servirá para conocer más detalles del ancestro común de todos ellos, que vivió hace 14-16 millones años, y también de la divergencia entre humanos y chimpancés-bonobos, que se separaron hace solo 6 millones. Como sucedió con el género Homo, es muy probable que otras especies de grandes simios surgieran y desaparecieran sin dejar el más mínimo registro fósil debido "a las condiciones húmedas de los ambientes en donde vivieron".

El trabajo ha sido posible gracias a los progresos técnicos de la última década. "Hasta hace poco, todas estas cosas tardaban mucho y las teníamos que hacer fuera", dice Marqués, quien recuerda el papel esencial en el estudio de los investigadores y las máquinas del Centro Nacional de Análisis Genómico (CNAG), con sede en también Barcelona.