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ESTADOS UNIDOS

Y en abono te convertirás

El estado de Washington aprueba una ley para transformar los cadáveres humanos en materia orgánica para el campo

 

Katrina Spade, fundadora y directora general de Recompose, la empresa que elabora el abono. - EL PERIÓDICO

RICARDO MIR DE FRANCIA
05/05/2019

La forma de disponer de los cadáveres humanos y honrar a los muertos ha ido cambiando a lo largo de los siglos en función de las tradiciones culturales de cada pueblo. Las élites del Antiguo Egipto momificaban a sus muertos; griegos y romanos, los incineraban; algunos vikingos cremaban a sus semejantes en piras flotantes lanzadas al mar; y los budistas tibetanos colocaban los cuerpos en cimas escarpadas para que los elementos y los carroñeros dispusieran de sus restos. Más recientemente, se han ideado otras formas más osadas, como la de lanzar las cenizas al espacio desde un satélite, una extravagancia al alcance de muy pocos bolsillos. Entre cristianos, judíos y musulmanes la sepultura bajo tierra sigue siendo el método predilecto para el descanso eterno. 

Pero hay otras formas para despedirse de la vida más benignas para el medio ambiente que los entierros tradicionales y la cremación, dos procesos que generan crecientes complicaciones, ya sea por la falta de espacio en los camposantos o el riesgo de que se filtren químico en la tierra como por las emisiones de gases de efecto invernadero que desprenden los hornos crematorios. Washington se ha convertido en el primer estado de Estados Unidos en autorizar el reciclaje de cadáveres humanos para transformarlos en abono para las plantas y la tierra. Y no es una broma de humor negro. El proceso se conoce como "reducción natural orgánica" y sirve para acelerar la descomposición del cuerpo, que en unas semanas se convierte en compost rico en nutrientes para el campo. 

La ley entrará en vigor a partir del 2020 y ha despertado un notable interés por su novedad. "Parece una forma bastante sensata de reducir nuestra huella en la Tierra", dijo la semana pasada el gobernador de Washington, Jay Inslee, a través de su portavoz. El proceso de ‘recomposición’, como también es conocido, consiste en colocar el cadáver en un recipiente a una temperatura de 55 grados centígrados. Se recubre con astillas de madera, paja, alfalfa, que aportan nitrógeno y carbono para acelerar la descomposición. De forma controlada se le va añadiendo oxígeno. En un plazo entre cuatro y siete semanas, bacterias y microorganismos han completado su trabajo para producir 0.76 metros cúbicos de abono para la tierra, suficiente para llenar dos carretillas grandes, según han explicado los promotores de la ley. 

A partir de ahí, queda a discreción de los familiares decidir el uso que le darán al compost. "Gente de todo el estado me escribió muy ilusionada ante la posibilidad de poder convertirse en un árbol o dar una salida alternativa a sus restos", ha dicho el senador estatal, Jamie Pedersen, el principal promotor de la iniciativa. Pedersen la ha presentado como un método más respetuoso con el medioambiente que los tradicionales, pero también más económico que la cremación. Se espera que un servicio de ‘recomposición’ cueste en torno a los 5.500 dólares (4.900 euros), frente a los 7.000 dólares que cuesta de media la cremación.

La idea inicial de convertir a los humanos en abono partió de Katrina Spade, una arquitecta de 41 años afincada en Seattle. Spade buscaba un método alternativo a la incineración y la inhumación que devolviese a los humanos la conexión con la muerte y, mientras investigaba para su tesis, se informó de las técnicas utilizadas por algunos agricultores y ganaderos para convertir a sus animales en materia orgánica sin que los patógenos contaminen la tierra. "Fue como si se encendiera la bombilla. Empecé a imaginarme un sistema que utiliza los mismos principios que la descomposición animal, un sistema apropiado y con significado para los seres humanos", le ha dicho a la cadena NBC.

Con la ayuda de investigadores de la Universidad de Washington, Spade puso en marcha su experiment en 2017. Durante cinco meses, trataron los cadáveres donados de seis personas en un espacio controlado para impedir la diseminación de patógenos. "La ventaja que le veo como científico medioambiental es que utiliza relativamente pocos recursos y sirve para crear este product semejante al abono que ayuda a almacenar el carbono", ha dicho la profesora al frente del studio, Lynne Carpenter-Bogg. Está por ver el éxito que tendrá este método pionero de pasar a la otra vida, pero al menos en Washington, ‘el polvo eres y en polvo te convertirás’ del Génesis dejará paso en algunos casos al ‘polvo eres y en abono te convertirás’. 

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