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CONFLICTO DIPLOMÁTICO

Así viven la madre y la hija atrincheradas en el consulado de Uruguay

Familiares que están en contacto permanente relatan el día a día de la mujer y la niña en el interior de la legación diplomática. La joven progenitora quiere creer que "este horror" parece "una película" y se pregunta: "¿Por qué quieren quitarme a mi hija?"

 

María, la semana pasada, en Castelldefels, un día antes de acudir con su hija al consulado de su país en Barcelona. - ROBERT RAMOS

GUILLEM SÀNCHEZ / J. G. ALBALAT
06/10/2019

María, la madre que este domingo lleva dos días y medio encerrada en el consulado de Uruguay en Barcelona junto a su hija para evitar que los Mossos d'Esquadra en cumplimiento de un mandato judicial le arrebaten a la menor para entregarla a su padre biológico, quiere creer que "este horror", tan increíble que parece "una película", todavía "puede acabar bien". Y mientras en el consulado de su país pasa horas que parecen días y días que parecen semanas, se pregunta lo siguiente: "¿Por qué quieren quitarme a mi hija?". Familiares que están en contacto permanente detallan cómo viven madre e hija en el interior de la legación diplomática, ubicada en la cuarta planta de un edificio de la avenida Diagonal, mientras se resuelve el conflicto diplomático entre España y Uruguay.

Los trabajadores del consulado han acondicionado una de las habitaciones y han colocado dos camas. También han preparado un espacio para que la pequeña juegue, dibuje para que se entretenga. En realidad, según las fuentes consultadas cuya identidad piden que no sea revelada, los empleados han hecho mucho más que eso: se han propuesto que la menor no se entere de la gravedad del asunto. Si tienen que hablar de algún tema relacionado con el litigio, llaman a María, la madre, y cierran las puertas. Y cuando se dirigen a la pequeña lo hacen "con sonrisas" y para soltarle "algún chiste". "No sabemos si en todos los consulados tratan así a sus ciudadanos, pero lo que está haciendo el uruguayo por nosotros nos ha dejado sin palabras", subrayan desde la familia de la mujer.

Para cuidar de madre e hija, en el consulado han hecho dos grupos distintos que se van rotando para traerles comida: verdura, fruta y chocolate para la cría. "La miman mucho", insisten. En el piso también hay un baño con ducha y las dos hermanas de María, desplazadas desde Italia y Uruguay para ayudarla, han ido haciendo los viajes necesarios para que madre e hija estén aseadas. "No nos falta de nada", aseguran.

El sábado por la tarde, uno de los trabajadores les cedió un ordenador para que pudieran ver una película. La niña eligió la 'Alicia en el país de las maravillas' de Tim Burton. Después, se durmió.

ENTRE DOS PAÍSES

El pasado martes, cuando María conoció la sentencia de la jueza de Vielha, le explicó a su hija que tendría que marcharse a vivir con su padre. Ese día fue duro para ambas. A partir de entonces, sin embargo, la menor trató de olvidarlo y la madre no volvió a sacar el tema. La orden especificaba que el viernes, tres días más tarde, la mujer tenía que dejar a la pequeña a las diez de la mañana en el consulado uruguayo. Para asegurarse de que lo hacía, la jueza ordenó a los Mossos que la custodiaran.

Madre e hija llegaron el viernes poco antes de las diez. Entraron en coche, acompañadas por las dos hermanas de María, y lo hicieron distrayendo con juegos a la pequeña. María sabía desde hacía pocas horas que existía la posibilidad de que el Gobierno uruguayo moviera ficha, aunque no tenía garantías de que así fuera, ni conocía en qué sentido lo haría. Pero al existir esa opción, optó por no decirle nada a la niña. Cuando el cónsul le informó que no iba a cumplir con el mandato judicial porque eso no estaba dentro de sus competencias y que ambas podían quedarse en el consulado, porque allí dentro estaban a salvo, María le contó a su hija fue que existía una posibilidad de que pudieran continuar juntas, pero que para lograrlo necesitarían pasar algún tiempo, días incluso, preparando documentos en el interior de aquel piso.

AL OTRO LADO DE LA PUERTA

Al otro lado de la puerta del consulado esperan agentes de los Mossos. Los agentes tienen la orden de la jueza de llevarse a la niña. Eso asusta a esta familia. "No somos delincuentes, en estos tres años nunca hemos incumplido ninguna resolución judicial y no vamos a hacerlo ahora", aseguran, confiando en que el conflicto diplomático abierto entre los gobiernos español y uruguayo termine con una resolución que no pase por "retirarle completamente" la custodia a María.

Las mismas fuentes aseguran que la entrega de la menor a su padre puede ser traumática porque "ya no lo conoce". Su madre se la llevó a Uruguay y lo denunció por abusos sexuales, que se archivaron, cuando todavía no había cumplido los 4 años y ahora tiene 7 años. Recuerdan que se intentó una aproximación en encuentros supervisados que la niña no soportaba. El propio padre decidió interrumpirlos al ver cómo sufría la menor.

Los abogados de la mujer, Mario Guerrero y Ester Giménez, están a la espera de que la jueza resuelva su petición para que se suspenda al entrega de la niña a su padre que tiene la custodia exclusiva, argumentando que esta situación puede ser perjudicial para la menor. Los letrados también han presentado un escrito a la Dirección General de Atención a la Infancia y Adolescencia (DGAIA) para que intervenga. La abogada del padre, Carme Simón, reitera que lo único que cabe es cumplir la sentencia de la jueza "que es clara" y que si no están de acuerdo utilicen el cauce legal adecuado: un recurso. En principio, la togada ha acordado que el miércoles se haga el traspaso en un punto de encuentro. Sin embargo, nada más que la niña salga del consulado, los Mossos actuarán.

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