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La ciencia quiere salvar el cacao con una modificación genética

El cultivo afronta un futuro crítico por los efectos adversos del cambio climático. Platean «editar» el ADN de la planta, en estado crítico en el continente africano

 

Un productor de Camerún junto a una montaña de vainas de cacao. - REUTERS / ANGE ABOA

MICHELE CATANZARO
24/01/2018

Una investigación pretende modificar el genoma del cacao para aumentar su resistencia a una enfermedad que está diezmando las plantas (el «virus de los brotes hinchados»). El cultivo del cacao, además, afronta un futuro crítico por los efectos del cambio climático. El experimento, cofinanciado por la empresa chocolatera Mars, emplea una variante de la técnica más avanzada de modificación de ADN, el «corta y pega» genético CRISPR. Los científicos implicados en el proyecto pertenecen al Instituto de Genómica Innovativa (IGI) de la Universidad de California, liderado por una de las creadoras del CRISPR.

Los investigadores participantes prevén producir las primeras semillas resistentes al «virus de los brotes hinchados» dentro de tres años. Sin embargo, los tiempos para conseguir su viabilidad en el campo, su seguridad y su legalidad podrían ser mucho más largos. Aunque el instituto asegura que pretende mantener los resultados en el dominio público, los críticos temen que las semillas modificadas se terminen convirtiendo en un negocio que atente contra el sector productivo del cacao.

El proyecto saltó a la opinión pública a principios de enero, cuando se propagó la noticia de que el cambio climático acabaría con el cacao en cuestión de décadas, lo cual justificaba su modificación genética. Esta información se basaba en una mala interpretación del proyecto del IGI.

EN PELIGRO / El cambio climático no amenaza con extinguir el cacao, sin embargo, sí podría afectar notablemente a su producción. Se estima que, si no se reducen las emisiones, hacia el 2050 Costa de Marfil y Ghana (que concentran la mitad de la producción mundial) perderán casi todas sus zonas de producción. El cultivo se podría desplazar al norte o en altura, pero millones de personas se quedarían sin su medio de vida.

El cambio climático podría tener asimismo otro efecto. «Si se desplazaran los cultivos, las plantas se encontrarían con nuevos patógenos. Si, por el contrario, los cultivos se pudieran mantener en su sitio, deberían estar preparadas para luchar contra nuevos patógenos que accederían a esas áreas por culpa del calentamiento», explica Susan Jenkins, directora ejecutiva del IGI.

«Muchas variedades de cacao son muy específicas, sus ejemplares son casi clones: si una plaga las afecta, puede diezmarlas», explica Pere Puigdomènech, investigador del Centro de Investigación en Agrigenómica (CRAG) de Barcelona.

«No se cree que el virus de los brotes hinchados se esté desplazando por causa del cambio climático», aclara Jenkins. Sin embargo, esta enfermedad (la cuarta más grave en cuanto a pérdidas causada en la industria del cacao) sí está debilitando una planta que ya aguarda un futuro crítico. El virus, transmitido por cochinillas, puede matar una planta en un par de años.

INDUCIR DEFENSAS / El plan del IGI es identificar los genes que hacen el cacao susceptible a la enfermedad y modificarlos para inducir comportamientos defensivos. Para ello, los científicos están aplicando una variante del CRISPR, una técnica que permite «editar» el ADN con gran precisión. Luego, los científicos tendrán que multiplicar las células alteradas y sacar una planta modificada. «Este proceso se sabe hacer con el tabaco y el tomate, pero no con el cacao», explica Jenkins.

«La lucha contra el cambio climático se debe abordar por todos los lados. Hacer plantas más resistentes ayuda», afirma Joan Girona, del Instituto de Búsqueda y Tecnología Agroalimentarias. «Sin recurrir a la modificación genética, se necesitarían años para conseguir el mismo resultado», argumenta Pere Arús, del Centro de Investigación en Agrigenómica.

NO CONVENCE / Sin embargo, la estrategia no convence a todo el mundo. «Hay una manipulación genética: introducir una planta que no haya coevolucionado con el ecosistema es un riesgo. Si nos preocupa el cambio climático, deberíamos recurrir a la biodiversidad, a las variedades resistentes», argumenta Gustavo Duch, coordinador de la revista Soberanía Alimentaria. Biodiversidad y culturas.

Ocho grandes empresas controlan la venta de todo el cacao que se cultiva en el mundo. Por esto Gustavo Duch teme que la modificación no beneficie a los productores. No obstante, Susan Jenkins asegura que la chocolatera Mars no quiere apropiarse de los resultados. «El IGI no dará licencias exclusivas a una corporación, que pudieran mantener los resultados alejados de las manos de aquellos que los necesitan», concluye la investigadora.